lesmo
Poeta veterano en el portal
Buenos días
Ignoro la metáfora precisa
(No sé, tal vez no existe)
que le envuelva a los días el concepto
de las horas primeras, cuando empieza
el frío gotear de la mañana;
las horas del final de los cansancios,
de aromas a café y a maquillaje
que oculta, por ventura, las arrugas
incipientes, los años, las tristezas.
Es solo la mañana ese momento
de salir al encuentro de la vida,
y también es tan solo
el necesario instante del olvido
en que el sueño de ayer se desvanece;
la mañana, que es tiempo de regreso
al dolor, siempre viejo conocido
que se despierta joven, vigoroso.
La mañana es la dueña de las luces
que alargan los espacios, colorean
la prisa en las ciudades,
y los ocres del bosque en el otoño,
y la explosión vital de los jardines,
y el rostro compañero.
Es la mañana fuente fresca y agua,
es la arena que calma las mareas
del proceloso mar de blanca espuma.
Y, al fin, es la mañana
el milagro del barro que en los ojos
arroja la ceguera al gran abismo,
a las profundidades de la noche;
y también es el gran resurgimiento
del recital festivo de los parques,
también de las palabras
y, sobre todo, de la voz amable
que dice "¿has descansado?"
Qué será de mi vida sin mañanas,
cuando ya no amanezca en el Oriente,
cuando estén paralíticos mis párpados
y mis oídos sordos al asombro.
Qué será cuando caigan derrotadas
las mañanas a manos de la muerte.
Algún día sabré, quizás no tarde,
si la muerte es tan solo otra mañana,
la más hermosa, suave, limpia y larga;
tal vez entonces sean las metáforas
indicios, minúsculas imágenes
acaso al despertar del infinito.
De pronto, esta mañana, en un destello,
la atisbé cuando dijo "buenos días".
Salva Glez. Moles
12 de febrero, 2022.
Ignoro la metáfora precisa
(No sé, tal vez no existe)
que le envuelva a los días el concepto
de las horas primeras, cuando empieza
el frío gotear de la mañana;
las horas del final de los cansancios,
de aromas a café y a maquillaje
que oculta, por ventura, las arrugas
incipientes, los años, las tristezas.
Es solo la mañana ese momento
de salir al encuentro de la vida,
y también es tan solo
el necesario instante del olvido
en que el sueño de ayer se desvanece;
la mañana, que es tiempo de regreso
al dolor, siempre viejo conocido
que se despierta joven, vigoroso.
La mañana es la dueña de las luces
que alargan los espacios, colorean
la prisa en las ciudades,
y los ocres del bosque en el otoño,
y la explosión vital de los jardines,
y el rostro compañero.
Es la mañana fuente fresca y agua,
es la arena que calma las mareas
del proceloso mar de blanca espuma.
Y, al fin, es la mañana
el milagro del barro que en los ojos
arroja la ceguera al gran abismo,
a las profundidades de la noche;
y también es el gran resurgimiento
del recital festivo de los parques,
también de las palabras
y, sobre todo, de la voz amable
que dice "¿has descansado?"
Qué será de mi vida sin mañanas,
cuando ya no amanezca en el Oriente,
cuando estén paralíticos mis párpados
y mis oídos sordos al asombro.
Qué será cuando caigan derrotadas
las mañanas a manos de la muerte.
Algún día sabré, quizás no tarde,
si la muerte es tan solo otra mañana,
la más hermosa, suave, limpia y larga;
tal vez entonces sean las metáforas
indicios, minúsculas imágenes
acaso al despertar del infinito.
De pronto, esta mañana, en un destello,
la atisbé cuando dijo "buenos días".
Salva Glez. Moles
12 de febrero, 2022.