Luciana Rubio
Poeta veterano en el portal
Me ha matado y me sigue matando cada día,
su corazón astroso, de herrumbre gangrenado,
él aún ruñe mis huesos, los lame enajenado,
le masturba evocar lo cruel de mi agonía.
Enredando palabras con sebo de la arpía
se mesa los cabellos, los peina para un lado.
Borbotea palabras de un acre olor pringado
y arrastra sus despojos con una risa fría.
Las hienas lo persiguen ladrando jubilosas,
le aliñan, le acarician y ríen elocuentes,
el sol que ya se oculta hace brillar sus dientes.
La luna no ilumina, no quiere mirar cosas
que luego a su memoria regresen, la quebranten.
Mejor se queda en casa, aunque ahora no le canten.
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