¡Cómo me gusta entrar a tu lista de temas y encontrar contenidos nuevos y fresquesitos! Al comenzar a leerte siempre tengo la noción de que empieza un viaje cuyo trayecto y destino me son desconocidos, pero de eso se trata: la sorpresa. Y es importante porque mientras uno no pierda la capacidad del asombro, el mundo nunca será monótono. Por eso me gusta tanto leerte.
Esta mañana te has puesto piel me mármol y vas vestida con vocecitas de agua, y es fascinante. Confieso que tengo una fijación por la aparente inmovilidad de ciertas cosas, y si en algún tiempo me hubieran preguntado por mi oficio les contestaría soy guiador de estatuas. No es agalmatofilia o pigmalionismo, pero cuando joven las esculturas antropomorfas me hacían preguntarme qué pensamiento petrificado escondían en su interior. Desde luego, tu escultura se mantiene inmóvil solo para lo visible, pero se ha contagiado del alma de las aves y conoce sus conversaciones. Es una viajera de sí misma. Pronto aprenderá el lenguaje de los árboles y nunca más será una chica solitaria.
Querida poeta Grace, ya sabes la fórmula. Abrazos amistosos llenos de admiración y respeto a tu persona y tu arte.
PS. Un niño se encuentra al mago Miguel Ángel sentado frente al enorme bloque de mármol sin hacer otra cosa que mirarlo. Como buen niño, interrumpe la meditación del artista inmortal y le pregunta: ¿Qué haces? A lo que el hombre responde: Estoy mirando. Tiempo después el niño regresa y esta vez a encuentra a Miguel Ángel a punto de terminar su inconmensurable obra escultórica, el David. El niño, asombrado, pregunta: ¿Cómo sabías que eso estaba dentro de la piedra?