Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
AQUÍ
Salgo, pero insisto.
Aquí he estado,
no siempre.
Parecer el estrafalario segundo
que agosta sus orillas
ante el pundonor de un reloj inobjetable.
Salgo, pero no vuelvo.
Nunca estuve del todo.
Solo, pocas veces,
algo de semilla, gránulo,
breve surco
sobre la oscura gleba,
pináculo que gestó
algún color disímil;
nada más un chasquido,
un ínfimo chispazo
en medio de la luz desvertebrada
con que enero desarticula
densos horizontes sin lunas.
Aquí, presente utilitario,
mientras no repitan mi nombre,
ni restauren
mi imperio
de ausencias infecundas.
Salgo, pero insisto.
Aquí he estado,
no siempre.
Parecer el estrafalario segundo
que agosta sus orillas
ante el pundonor de un reloj inobjetable.
Salgo, pero no vuelvo.
Nunca estuve del todo.
Solo, pocas veces,
algo de semilla, gránulo,
breve surco
sobre la oscura gleba,
pináculo que gestó
algún color disímil;
nada más un chasquido,
un ínfimo chispazo
en medio de la luz desvertebrada
con que enero desarticula
densos horizontes sin lunas.
Aquí, presente utilitario,
mientras no repitan mi nombre,
ni restauren
mi imperio
de ausencias infecundas.