NADA SÉ DEL GRIS REMENDAO
No conozco al gris remendado;el que decide quedarse en las manos
y no ayuda a la esperanza en la mesa
con sus sonidos desde ese panorama horizontal.
No me extraña que los gritos del viento
lleguen a mi puerta con palabras rentadas.
No entiendo el gris ni me interesa
ser su colega;
prefiero resbalarme en una taza de café sin azúcar,
con migas y pedazos de pan con olor a odio.
Sí a odio porque no existe
más evidencia de un amor que el odio.
Ese animal que muerde la garganta;
el mismo que te hace el amor en la oscuridad
y se vuelve en el ser torpe que ronca
al lado de los míos, pero nadie lo confirma.
Entonces acaricio sus mejillas y le doy dos monedas
para que los cuelgue en sus ojos.
Y me mira sin compasión porque es el odio
y yo no entiendo nada de ese gris en las ramas.
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Guadalupe Cisneros Villa
23/03/2022
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