Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
Y DE MUERTE, CUANDO DANZAS.
No me balies en el filo de una lengua,
mata el corazón, pero no la boca,
cambia a la sangre y hazla vino,
sorbo que me robas cuando escanciado,
me dejas sin aire y en la copa
de tus labios, me estas quitando la vida.
Esplendor que apaga la luz de mis ojos,
se cierran mis parpados y en noche silenciosa,
me abraza el frío de un tiempo y lanzo suspiros,
deprecar te insta mi alma y en lágrima que quema,
encierra en liquido la pena y de tus pasos,
se queda en desabrimiento mi saliva.
Dársena para mi barca, son tus caderas
cuando me bailas, rasgando estelares,
quiero ser derviche en tu ombligo, giras
pensamiento, pasando entre los peines
de tus manos y dejas a la muerte a solas,
protestando, se desesperan, los cadáveres.
Y de tu cuerpo de gozo, sin cólera, ni pecado,
las estrellas saquean corazones,
los alinean y hacen alfombras de cojín rojo,
belleza y horror anidan en tu vientre, ardes
y se llena el aire del aroma de incensario,
de aquel infierno que se derritió en sangres.
Horrura que te mira en deseo inconfesable,
sable imaginario que corta garganta,
jofaina dónde lavar las manos y deje
limpia la conciencia y en lisemia,
tinte de rojo los mares y sin reproche,
le haga pozo sin fondo, la cara oculta de la luna.
Y en ofrenda el averno te da el aliento
de sus rosas negras, admiración que te acaricia
el desnudo de tus pechos, sueño roto,
encubre el aura de mis labios, grieta
que se abre en el alma, doloroso clamor envolviendo
tú movimiento y con pies descalzos, danzas en mí poesía.
No me balies en el filo de una lengua,
mata el corazón, pero no la boca,
cambia a la sangre y hazla vino,
sorbo que me robas cuando escanciado,
me dejas sin aire y en la copa
de tus labios, me estas quitando la vida.
Esplendor que apaga la luz de mis ojos,
se cierran mis parpados y en noche silenciosa,
me abraza el frío de un tiempo y lanzo suspiros,
deprecar te insta mi alma y en lágrima que quema,
encierra en liquido la pena y de tus pasos,
se queda en desabrimiento mi saliva.
Dársena para mi barca, son tus caderas
cuando me bailas, rasgando estelares,
quiero ser derviche en tu ombligo, giras
pensamiento, pasando entre los peines
de tus manos y dejas a la muerte a solas,
protestando, se desesperan, los cadáveres.
Y de tu cuerpo de gozo, sin cólera, ni pecado,
las estrellas saquean corazones,
los alinean y hacen alfombras de cojín rojo,
belleza y horror anidan en tu vientre, ardes
y se llena el aire del aroma de incensario,
de aquel infierno que se derritió en sangres.
Horrura que te mira en deseo inconfesable,
sable imaginario que corta garganta,
jofaina dónde lavar las manos y deje
limpia la conciencia y en lisemia,
tinte de rojo los mares y sin reproche,
le haga pozo sin fondo, la cara oculta de la luna.
Y en ofrenda el averno te da el aliento
de sus rosas negras, admiración que te acaricia
el desnudo de tus pechos, sueño roto,
encubre el aura de mis labios, grieta
que se abre en el alma, doloroso clamor envolviendo
tú movimiento y con pies descalzos, danzas en mí poesía.
Juanjota.
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