silveriddragon
Poeta adicto al portal
¿Cómo puede florecer algo en un lugar tan lúgubre y tenebroso padre? ¿El creador permite belleza en la corrupción?
- Eso y más. Aprende a ver, no solo con los ojos, o perderás de vista lo esencial.
Palabras de un chamán a su hijo.
I
Loreta veía por la ventana a su hija regresar de la calle con apenas unos piezas de pan y una caja de leche. La niña tenía 13 años y a Loreta le empezaba a preocupar el hecho inevitable de que se estaba volviendo una mujer. Su cuerpo comenzaba a mostrar las señales propias de la pubertad.
Las preocupaciones de Loreta crecían más debido al ambiente en el que se desarrollaba. No era un lugar donde una niña pudiera salvarse de los malos tratos y una vida difícil. El dinero no le alcanzaba para enviarla a la escuela regularmente, además ella ni siquiera había terminado la escuela elemental.
¿Cómo podía darle un mejor futuro a esa niña que ahora sacaba las piezas de pan y preparaba el desayuno mientras ella estaba enferma? Aún así ella trataba de hacerle bromas, de no mostrar que temía por ella.
La mayoría de los amigos de su hija eran mayores a su edad. Uno era un hombre fuerte con barba larga y blanca. Reía todo el tiempo haciendo bromas, aunque aficionado a la bebida, era bueno. Las protegía a ambas de los aprovechados.
La mujer se llevó a la boca el pan remojado en leche y escuchaba atenta a su hija hablarle de como un grupo de niños habían entrado al almacén donde fue de compras. Los vio sacar cosas sin pagarlas. Ella no dijo nada.
- ¿No los acusaste?
- No mamá. ¿y si estaban hambrientos?
Loreta casi suelta una lágrima. La niña no sabía que quizás ese sería el último alimento que comerían en el día. Ya no le quedaba dinero. Había pedido prestado y en su estado no podía trabajar como siempre lo hacía. Los hombres no se acercarían a una mujer en sus condiciones, con manchas en la piel aunque tuviera buena figura.
- Mi niña, mi sol, mi flor. Robar está mal. No lo permitas.
- Si mamá.
La niña se llevó a la boca el pedazo de pan y sabía muy en el fondo que su mamá no le estaba diciendo toda la verdad. No le gustaba verla tan cansada, Y se dijo a sí misma que haría todo lo posible por hacer que se mejorara.
II
Marco estaba furioso. Nuevamente le habían fallado los niños al traer solamente cosas inservibles. Unos pañales.... ¿para que quería pañales? Ni siquiera para venderlos.. Se estaba empezando a impacientar. Necesitaba algo que motivara a esos niños a hacer mejor su trabajo. Traerle cosas lujosas y no solo cosas de una tienda de la esquina.
Pero ¿cómo?... ¿cómo?,,,
Se puso a pensar un largo rato. ¿Qué hace que un hombre haga hasta lo imposible, lo impensable?, ¿Qué motiva a un grupo a unirse? Su anterior banda se guiaba por el miedo que les imponía el jefe. Sin embargo él se prometió no hacerlo así después de ver como acabó con dos tiros en la panza por enfrentarse a un hombre desesperado.
No... el quería ser más inteligente,
Salió a la calle no sin antes decirle a los niños que salieran a conseguir más cosas.
En la plaza central de ese barrio de tercera clase como le solían decir los policías, había gente, Todo tipo de gente pero sobre todo vendiendo baratijas como anillos, cadenas y espejos de fantasía.
Se compró un granite de anjuria en un puesto y se sentó en una banca. Dejó que el hielo le refrescara mientras veía a su alrededor. ¿y qué vió?
Parejas, muchas parejas. Todas ellas secreteándose o riendo. Las veía y le causaba un poco de envidia. él no se consideraba atractivo. Las veces que había estado con una mujer había tenido que pagar por ello. Le gustaban mucho las morenas de cabello lacio y largo.
Tomó el granite y se imaginó que era quizás un helado que compartía con una mujer,,,
Una mujer,,,
Una hermosa y linda mujer..
¿Qué no haría él por tener a una mujer que lo procurara o al menos que le permitiera...?
Y tuvo una idea. Una retorcida idea.
Los niños crecen, se vuelven hombres y despiertan de un sueño infantil, ¿y qué buscan?
él les daría algo por lo que luchar y prestar atención, concentrarse. Una linda y juvenil mujer.
III
Al día siguiente Loreta ya no podía levantarse. Le dolía todo el cuerpo y quizás por falta de alimento le temblaban las piernas. Su antigua jefa fue a visitarla por la tarde y les llevó un poco de comida pero no era suficiente. Podía leer en los ojos de su hija el hambre.
Esa misma hambre que ella experimentó años atrás cuando nadie le daba trabajo y se la pasaba de puerta en puerta rogando por empleo. En ese barrio olvidado era muy difícil conseguirlo. Y salir afuera no era aceptable. Muchos de los alrededores les temían por su mala fama.
Lloró esta vez por que las fuerzas la abandonaban y su hija estaba sola en ese lugar. No tuvo opción. Le dijo a su hija que fuera por Renée una de sus amigas.
En cuanto se fue, Loreta comenzó a sudar, un sudor frío. Y empezó a tener alucinaciones. Veía cosas como un caballo entrar por la puerta y un hombre que se lo llevaba no sin antes mirarla de reojo.
En la ilusión el hombre volteó y se acercó a ella. Le tomó la mano izquierda y la miro un rato. Habló entonces.
- Loreta querida de semblante pálido aún eres bonita.
A ella le fastidiaba el hecho de que los hombres se acercaran así y le retiró la mano izquierda.
- Eres tan bonita - siguió el hombre de pelo castaño - pero algo te preocupa.
Ella lloró nuevamente.
- Es mi hija. Voy a dejarla sola.... sola... en este mundo que lo único que me dio fue dolor. Quise ser buena y no pude. Tuve que mancharme para que ella fuera feliz....
El hombre junto las manos de Loreta y se las puso en el pecho.
- No temas hermosa Loreta. Tu esfuerzo en vano jamás será. Yo la cuidaré si prometes darme lo más valioso de ti.
Loreta empezaba a quejarse ahora por el dolor. Ya no podía soportarlo.
- Lo que quieras. Pero cuida a mi niña. Que en su vida logre encontrar un lugar donde el sufrimiento no se parezca al de este barrio ... Por favor... te lo ruego...
El hombre sacó entonces un lazo grande de color azul y se lo puso en el cabello.
-La protegeré desde el mismo momento en que me digas su nombre - y sonrió
- Johana.... es mi Johana.... Johana Maria Madeleine.... Mi niña hermosa... - y suspiró.
- Así sea - dijo el hombre y se levantó para montar el caballo e irse.
Loreta estaba inmóvil. Su semblante sin embargo era de paz. Así la encontró Johana que la lloró largamente,
- Eso y más. Aprende a ver, no solo con los ojos, o perderás de vista lo esencial.
Palabras de un chamán a su hijo.
I
Loreta veía por la ventana a su hija regresar de la calle con apenas unos piezas de pan y una caja de leche. La niña tenía 13 años y a Loreta le empezaba a preocupar el hecho inevitable de que se estaba volviendo una mujer. Su cuerpo comenzaba a mostrar las señales propias de la pubertad.
Las preocupaciones de Loreta crecían más debido al ambiente en el que se desarrollaba. No era un lugar donde una niña pudiera salvarse de los malos tratos y una vida difícil. El dinero no le alcanzaba para enviarla a la escuela regularmente, además ella ni siquiera había terminado la escuela elemental.
¿Cómo podía darle un mejor futuro a esa niña que ahora sacaba las piezas de pan y preparaba el desayuno mientras ella estaba enferma? Aún así ella trataba de hacerle bromas, de no mostrar que temía por ella.
La mayoría de los amigos de su hija eran mayores a su edad. Uno era un hombre fuerte con barba larga y blanca. Reía todo el tiempo haciendo bromas, aunque aficionado a la bebida, era bueno. Las protegía a ambas de los aprovechados.
La mujer se llevó a la boca el pan remojado en leche y escuchaba atenta a su hija hablarle de como un grupo de niños habían entrado al almacén donde fue de compras. Los vio sacar cosas sin pagarlas. Ella no dijo nada.
- ¿No los acusaste?
- No mamá. ¿y si estaban hambrientos?
Loreta casi suelta una lágrima. La niña no sabía que quizás ese sería el último alimento que comerían en el día. Ya no le quedaba dinero. Había pedido prestado y en su estado no podía trabajar como siempre lo hacía. Los hombres no se acercarían a una mujer en sus condiciones, con manchas en la piel aunque tuviera buena figura.
- Mi niña, mi sol, mi flor. Robar está mal. No lo permitas.
- Si mamá.
La niña se llevó a la boca el pedazo de pan y sabía muy en el fondo que su mamá no le estaba diciendo toda la verdad. No le gustaba verla tan cansada, Y se dijo a sí misma que haría todo lo posible por hacer que se mejorara.
II
Marco estaba furioso. Nuevamente le habían fallado los niños al traer solamente cosas inservibles. Unos pañales.... ¿para que quería pañales? Ni siquiera para venderlos.. Se estaba empezando a impacientar. Necesitaba algo que motivara a esos niños a hacer mejor su trabajo. Traerle cosas lujosas y no solo cosas de una tienda de la esquina.
Pero ¿cómo?... ¿cómo?,,,
Se puso a pensar un largo rato. ¿Qué hace que un hombre haga hasta lo imposible, lo impensable?, ¿Qué motiva a un grupo a unirse? Su anterior banda se guiaba por el miedo que les imponía el jefe. Sin embargo él se prometió no hacerlo así después de ver como acabó con dos tiros en la panza por enfrentarse a un hombre desesperado.
No... el quería ser más inteligente,
Salió a la calle no sin antes decirle a los niños que salieran a conseguir más cosas.
En la plaza central de ese barrio de tercera clase como le solían decir los policías, había gente, Todo tipo de gente pero sobre todo vendiendo baratijas como anillos, cadenas y espejos de fantasía.
Se compró un granite de anjuria en un puesto y se sentó en una banca. Dejó que el hielo le refrescara mientras veía a su alrededor. ¿y qué vió?
Parejas, muchas parejas. Todas ellas secreteándose o riendo. Las veía y le causaba un poco de envidia. él no se consideraba atractivo. Las veces que había estado con una mujer había tenido que pagar por ello. Le gustaban mucho las morenas de cabello lacio y largo.
Tomó el granite y se imaginó que era quizás un helado que compartía con una mujer,,,
Una mujer,,,
Una hermosa y linda mujer..
¿Qué no haría él por tener a una mujer que lo procurara o al menos que le permitiera...?
Y tuvo una idea. Una retorcida idea.
Los niños crecen, se vuelven hombres y despiertan de un sueño infantil, ¿y qué buscan?
él les daría algo por lo que luchar y prestar atención, concentrarse. Una linda y juvenil mujer.
III
Al día siguiente Loreta ya no podía levantarse. Le dolía todo el cuerpo y quizás por falta de alimento le temblaban las piernas. Su antigua jefa fue a visitarla por la tarde y les llevó un poco de comida pero no era suficiente. Podía leer en los ojos de su hija el hambre.
Esa misma hambre que ella experimentó años atrás cuando nadie le daba trabajo y se la pasaba de puerta en puerta rogando por empleo. En ese barrio olvidado era muy difícil conseguirlo. Y salir afuera no era aceptable. Muchos de los alrededores les temían por su mala fama.
Lloró esta vez por que las fuerzas la abandonaban y su hija estaba sola en ese lugar. No tuvo opción. Le dijo a su hija que fuera por Renée una de sus amigas.
En cuanto se fue, Loreta comenzó a sudar, un sudor frío. Y empezó a tener alucinaciones. Veía cosas como un caballo entrar por la puerta y un hombre que se lo llevaba no sin antes mirarla de reojo.
En la ilusión el hombre volteó y se acercó a ella. Le tomó la mano izquierda y la miro un rato. Habló entonces.
- Loreta querida de semblante pálido aún eres bonita.
A ella le fastidiaba el hecho de que los hombres se acercaran así y le retiró la mano izquierda.
- Eres tan bonita - siguió el hombre de pelo castaño - pero algo te preocupa.
Ella lloró nuevamente.
- Es mi hija. Voy a dejarla sola.... sola... en este mundo que lo único que me dio fue dolor. Quise ser buena y no pude. Tuve que mancharme para que ella fuera feliz....
El hombre junto las manos de Loreta y se las puso en el pecho.
- No temas hermosa Loreta. Tu esfuerzo en vano jamás será. Yo la cuidaré si prometes darme lo más valioso de ti.
Loreta empezaba a quejarse ahora por el dolor. Ya no podía soportarlo.
- Lo que quieras. Pero cuida a mi niña. Que en su vida logre encontrar un lugar donde el sufrimiento no se parezca al de este barrio ... Por favor... te lo ruego...
El hombre sacó entonces un lazo grande de color azul y se lo puso en el cabello.
-La protegeré desde el mismo momento en que me digas su nombre - y sonrió
- Johana.... es mi Johana.... Johana Maria Madeleine.... Mi niña hermosa... - y suspiró.
- Así sea - dijo el hombre y se levantó para montar el caballo e irse.
Loreta estaba inmóvil. Su semblante sin embargo era de paz. Así la encontró Johana que la lloró largamente,