Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vigilantes agolpados
en blancos pormenores sin alas
con el golpeteo incesante de las olas.
Nubes escapadas en rizos y melenas sueltas
que no cesan de extender ahogos momentáneos.
Arenas impresas en huella deformada,
beso constante, piel mojada,
pretérito de Dioses que se vuelven polvo,
ojos en un guiño, en el rojo
tienen la sed de los esclavos mientras mueren
tendidos en silencio, con la calma del barco que naufraga
y sabe de las algas, de los fondos,
de la cuerda verde que limita espacios y te acerca,
para ser nada más
el agua que consumes.