Maria Beatriz Vicentelo C
Poeta recién llegado
Yo no puedo decir, que solo tú
levantaste este muro de silencio.
Este muro fantasma, que nos quema,
que nos quema con hierro,
con piedras de candela...,
¡Cal de resentimiento!
Y yo sé…, que vivir con una daga,
introducida dentro en nuestro pecho,
no es ni fácil ni cómodo,
ni nos es nada bueno.
Siempre filosa punta,
ha hincado el sentimiento,
siempre esa espina corva retorcida,
ha lacerado cruel los pensamientos.
¿Qué acaso me quisiste?
¿Qué no era obligación para ti, hacerlo?
No sé, ni acaso importa,
ha pasado buen tiempo,
casi toda una vida ha transcurrido,
y está el muro…, un muro hecho.
Y yo me he acostumbrado
a que sombras estén siempre al acecho,
que tu espalda y la mía
hablen en nuestro lecho.
La indiferencia apena,
la indiferencia duele, acaba, es cierto;
mas yo digo, que más que indiferencia,
lo que más perjudica al sentimiento...,
¡Es la mentira y vil humillación!
¡Que no puede botar nuestro recuerdo!
Y eso… ¡Eso, no perdona el sentimiento!
¿Para que “ahora” luego de vivirlo,
me vengas con asombros de un…, "te quiero"?
¿Hoy? …, ¿Hoy que largas horas son pasadas
y juventud se fue por el desierto?
Desierto ruin cubierto de tristeza
¡Desierto extenso, árido de tiempo!
Dime tú ¿Qué me vale que hoy lo digas,
tratando de quebrar el muro nuestro?
Si cuando deseé lucir de flores,
no había fiesta para mis conciertos.
Si cuando ansié cantar mis arreboles
¡No existían colores en los cielos!
Y fueron muchas noches
¡Que de luces orlar quise mis sueños!
Y fueron tan opacos los faroles
¡Cuando ansié con el alma!
¡Ser tu único lucero!
Fueron muchas mis noches ¡Madrugadas!
Que esperé deseosa en lecho yerto.
Ahora ¿de qué vale?
Cuando ya hay grietas hondas en el cuerpo
¡Cruda llaga en el alma!
Cuando guarda mi huerto,
la yesca de ilusiones maltratadas.
¡Dime ahora, que estamos ambos viejos!
Dime ahora de frente, cara a cara
¿Hoy soy yo, tu preciado dulce sueño?
¿Ahora soy el amor de tu existencia?
Hoy que espía la muerte a pulso terco,
¿Hoy soy la compañera de tus días?
¿Hoy la hembra deseada de tu anhelo?
Es tarde mi amado hombre,
es muy tarde; y las carnes tienen sueño.
Deja al muro tranquilo,
déjalo en su silencio,
que de tanto esperar, se volvió sordo
¡Para arrepentimientos!
Beatriz Vicentelo
levantaste este muro de silencio.
Este muro fantasma, que nos quema,
que nos quema con hierro,
con piedras de candela...,
¡Cal de resentimiento!
Y yo sé…, que vivir con una daga,
introducida dentro en nuestro pecho,
no es ni fácil ni cómodo,
ni nos es nada bueno.
Siempre filosa punta,
ha hincado el sentimiento,
siempre esa espina corva retorcida,
ha lacerado cruel los pensamientos.
¿Qué acaso me quisiste?
¿Qué no era obligación para ti, hacerlo?
No sé, ni acaso importa,
ha pasado buen tiempo,
casi toda una vida ha transcurrido,
y está el muro…, un muro hecho.
Y yo me he acostumbrado
a que sombras estén siempre al acecho,
que tu espalda y la mía
hablen en nuestro lecho.
La indiferencia apena,
la indiferencia duele, acaba, es cierto;
mas yo digo, que más que indiferencia,
lo que más perjudica al sentimiento...,
¡Es la mentira y vil humillación!
¡Que no puede botar nuestro recuerdo!
Y eso… ¡Eso, no perdona el sentimiento!
¿Para que “ahora” luego de vivirlo,
me vengas con asombros de un…, "te quiero"?
¿Hoy? …, ¿Hoy que largas horas son pasadas
y juventud se fue por el desierto?
Desierto ruin cubierto de tristeza
¡Desierto extenso, árido de tiempo!
Dime tú ¿Qué me vale que hoy lo digas,
tratando de quebrar el muro nuestro?
Si cuando deseé lucir de flores,
no había fiesta para mis conciertos.
Si cuando ansié cantar mis arreboles
¡No existían colores en los cielos!
Y fueron muchas noches
¡Que de luces orlar quise mis sueños!
Y fueron tan opacos los faroles
¡Cuando ansié con el alma!
¡Ser tu único lucero!
Fueron muchas mis noches ¡Madrugadas!
Que esperé deseosa en lecho yerto.
Ahora ¿de qué vale?
Cuando ya hay grietas hondas en el cuerpo
¡Cruda llaga en el alma!
Cuando guarda mi huerto,
la yesca de ilusiones maltratadas.
¡Dime ahora, que estamos ambos viejos!
Dime ahora de frente, cara a cara
¿Hoy soy yo, tu preciado dulce sueño?
¿Ahora soy el amor de tu existencia?
Hoy que espía la muerte a pulso terco,
¿Hoy soy la compañera de tus días?
¿Hoy la hembra deseada de tu anhelo?
Es tarde mi amado hombre,
es muy tarde; y las carnes tienen sueño.
Deja al muro tranquilo,
déjalo en su silencio,
que de tanto esperar, se volvió sordo
¡Para arrepentimientos!
Beatriz Vicentelo
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