Desfallece mi corazón
al escuchar su lamento,
esa fina voz...
Decae al peor infierno
al ver de sus ojos
como ágiles cuencos
los cristales rotos.
Tiembla mi alma
en fugaces, postreros
susurros de almohada.
Algodones huecos
acarician mi espalda.
Una melodía intensa
y sutilmente apagada
es la llama del fuego
que mi conciencia calcina,
esa, su única causa.
.
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al escuchar su lamento,
esa fina voz...
Decae al peor infierno
al ver de sus ojos
como ágiles cuencos
los cristales rotos.
Tiembla mi alma
en fugaces, postreros
susurros de almohada.
Algodones huecos
acarician mi espalda.
Una melodía intensa
y sutilmente apagada
es la llama del fuego
que mi conciencia calcina,
esa, su única causa.
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