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El desafío

Javier Alánzuri

Poeta que considera el portal su segunda casa

" El desafío "

.... .. ....

Paseando por la noche,
en la antesala del alba,
una pelota de tenis
de repente me miraba.
Pobre, solita en la acera,
como una verde naranja,
o un fabuloso planeta
que se va quedando en nada.


Le propongo un desafío
- qué alborozo para el alma -;
tocándola con los pies,
debo llevarla hasta casa
sin usar nunca las manos,
pues en fútbol eso es trampa.

En la desierta avenida,
le pego suaves patadas
con la ilusión de un chiquillo
que por el tobogán baja.
Ella, siempre va delante,
explorando la mañana.
¡Qué valiente compañera
en la larga caminata!

Un sendero de la costa
nos conduce hasta la playa.
El arenal, la retiene
en su cabello, acunada,
y se escucha una canción,
la canción del mar en calma
que entona la suave brisa,
¡ay, señor, qué dulce nana!

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada
mientras un hombre se acerca,
con una sonrisa franca,
y nos devuelve el saludo
con celeridad y gracia.

Luego, una bella mujer,
se ríe con muchas ganas.
Nos ha visto -sudorosos-
intentar subir la rampa
donde el arenal termina
y da paso a la calzada.
Hace poco era invisible,
esta repentina fama,
se la debo a la pelota
que rodando me acompaña.

Juntos, doblamos esquinas,
felices por nuestra hombrada.
Solo, solo con los pies,
hemos llegado hasta casa.
Me despido en el portal
de la verdosa naranja
-o la diminuta luna-
que en el suelo me encontrara,
a la espera de otro loco
que la lleve de parranda.

Y por fin, el sol despierta
mostrando su rostro en llamas
-con diez brujitas retoza-
entre las celestes sábanas.

...... .. ......




 
Última edición:
" El desafío "
.... .. ....

Paseando por la noche,
en la antesala del alba,
una pelota de tenis
de repente me miraba.
Pobre, solita en la acera,
como una verde naranja,
o un fabuloso planeta
que se va quedando en nada.


Le propongo un desafío
- qué alborozo para el alma -;
tocándola con los pies
debo llevarla hasta casa
sin usar nunca las manos,
pues en fútbol eso es trampa.

En la desierta avenida,
le pego suaves patadas
con la ilusión de un chiquillo
que por el tobogán baja.
Ella, siempre va delante,
explorando la mañana.
¡Qué valiente compañera
en la larga caminata!

Un sendero de la costa
nos conduce hasta la playa.

El arenal, la retiene
en su cabello, acunada,
y se escucha una canción,
la canción del mar en calma
que la suave brisa entona
¡ay, señor, qué dulce nana!
En ella hablan los corales,
los delfines y las algas,
incluso se oyen sirenas
de las atlánticas aguas.

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada
mientras un hombre se acerca,
con una sonrisa franca,
y nos devuelve el saludo
con celeridad y gracia.

Luego, una bella mujer,
se ríe con muchas ganas.
Nos ha visto -sudorosos-
intentar subir la rampa
donde el arenal termina
y da paso a la calzada.
Hace poco era invisible,
esta repentina fama,
se la debo a la pelota
que rodando me acompaña.

Juntos, doblamos esquinas
felices por nuestra hombrada.
Solo, solo con los pies,
hemos llegado hasta casa.
Me despido en el portal
de la verdosa naranja
-o la diminuta luna-
que en el suelo me encontrara,
a la espera de otro loco
que la lleve de parranda.

Y por fin, el sol despierta
mostrando su rostro en llamas
-con diez brujitas retoza-
entre las celestes sábanas.

...... .. ......




Maravilla de poema, Javier, que dulzura de palabras y de imágenes. Un gran placer leerte.
 
" El desafío "
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Paseando por la noche,
en la antesala del alba,
una pelota de tenis
de repente me miraba.
Pobre, solita en la acera,
como una verde naranja,
o un fabuloso planeta
que se va quedando en nada.


Le propongo un desafío
- qué alborozo para el alma -;
tocándola con los pies
debo llevarla hasta casa
sin usar nunca las manos,
pues en fútbol eso es trampa.

En la desierta avenida,
le pego suaves patadas
con la ilusión de un chiquillo
que por el tobogán baja.
Ella, siempre va delante,
explorando la mañana.
¡Qué valiente compañera
en la larga caminata!

Un sendero de la costa
nos conduce hasta la playa.

El arenal, la retiene
en su cabello, acunada,
y se escucha una canción,
la canción del mar en calma
que entona la suave brisa,
¡ay, señor, qué dulce nana!
En ella hablan los corales,
los delfines y las algas,
incluso se oyen sirenas
de las atlánticas aguas.

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada
mientras un hombre se acerca,
con una sonrisa franca,
y nos devuelve el saludo
con celeridad y gracia.

Luego, una bella mujer,
se ríe con muchas ganas.
Nos ha visto -sudorosos-
intentar subir la rampa
donde el arenal termina
y da paso a la calzada.
Hace poco era invisible,
esta repentina fama,
se la debo a la pelota
que rodando me acompaña.

Juntos, doblamos esquinas
felices por nuestra hombrada.
Solo, solo con los pies,
hemos llegado hasta casa.
Me despido en el portal
de la verdosa naranja
-o la diminuta luna-
que en el suelo me encontrara,
a la espera de otro loco
que la lleve de parranda.

Y por fin, el sol despierta
mostrando su rostro en llamas
-con diez brujitas retoza-
entre las celestes sábanas.

...... .. ......






Madre mía, Javier, has encontrado en tu alma de niño, la formula ideal de transmitir un paseo por la playa antes del amanecer.
Decir; me ha encantado, es la mejor definición, porque así me has dejado con ese encantamiento que atrapa.
Felicidades Javier, un verdadero placer pasear contigo y con esa pelota de tenis, o luna, o naranja verde, antes de que salga el sol, bellas imágenes las de las brujitas blancas, de las "celestes sábanas". Cuantos hallazgos en tu romance.
Un fuerte abrazo Javi, con cariño, aún presa del encantamiento.
Isabel
 
" El desafío "
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Paseando por la noche,
en la antesala del alba,
una pelota de tenis
de repente me miraba.
Pobre, solita en la acera,
como una verde naranja,
o un fabuloso planeta
que se va quedando en nada.


Le propongo un desafío
- qué alborozo para el alma -;
tocándola con los pies
debo llevarla hasta casa
sin usar nunca las manos,
pues en fútbol, eso es trampa.

En la desierta avenida,
le pego suaves patadas
con la ilusión de un chiquillo
que por el tobogán baja.
Ella, siempre va delante,
explorando la mañana.
¡Qué valiente compañera
en la larga caminata!

Un sendero de la costa
nos conduce hasta la playa.

El arenal, la retiene
en su cabello, acunada,
y se escucha una canción,
la canción del mar en calma
que entona la suave brisa,
¡ay, señor, qué dulce nana!
En ella hablan los corales,
los delfines y las algas,
incluso se oyen sirenas
de las atlánticas aguas.

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada
mientras un hombre se acerca,
con una sonrisa franca,
y nos devuelve el saludo
con celeridad y gracia.

Luego, una bella mujer,
se ríe con muchas ganas.
Nos ha visto -sudorosos-
intentar subir la rampa
donde el arenal termina
y da paso a la calzada.
Hace poco era invisible,
esta repentina fama,
se la debo a la pelota
que rodando me acompaña.

Juntos, doblamos esquinas,
felices por nuestra hombrada.
Solo, solo con los pies,
hemos llegado hasta casa.
Me despido en el portal
de la verdosa naranja
-o la diminuta luna-
que en el suelo me encontrara,
a la espera de otro loco
que la lleve de parranda.

Y por fin, el sol despierta
mostrando su rostro en llamas
-con diez brujitas retoza-
entre las celestes sábanas.

...... .. ......





Espectacular poesía. Alto nivel en una historia atrapante. Me has llevado contigo por el camino de este singular desafío tenístico.
 
Madre mía, Javier, has encontrado en tu alma de niño, la formula ideal de transmitir un paseo por la playa antes del amanecer.
Decir; me ha encantado, es la mejor definición, porque así me has dejado con ese encantamiento que atrapa.
Felicidades Javier, un verdadero placer pasear contigo y con esa pelota de tenis, o luna, o naranja verde, antes de que salga el sol, bellas imágenes las de las brujitas blancas, de las "celestes sábanas". Cuantos hallazgos en tu romance.
Un fuerte abrazo Javi, con cariño, aún presa del encantamiento.
Isabel
Pues si te has quedado encantada, imagínate yo con el comentario, Isabel, me dejas como unas castañuelas.... porqué tú, que has escrito tantos poemas maravillosos sobre el mar y su entorno me diga eso, para mi es el mejor regalo, muchas gracias. :)
Esto de salir a caminar es un filón, siempre ocurre algo, dentro de poco voy a parecer Forrest Gump si no me llega la inspiración de otra manera.... jajajaja
Un enorme y agradecido abrazo, querida amiga.
Javi
 
" El desafío "
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Paseando por la noche,
en la antesala del alba,
una pelota de tenis
de repente me miraba.
Pobre, solita en la acera,
como una verde naranja,
o un fabuloso planeta
que se va quedando en nada.


Le propongo un desafío
- qué alborozo para el alma -;
tocándola con los pies
debo llevarla hasta casa
sin usar nunca las manos,
pues en fútbol, eso es trampa.

En la desierta avenida,
le pego suaves patadas
con la ilusión de un chiquillo
que por el tobogán baja.
Ella, siempre va delante,
explorando la mañana.
¡Qué valiente compañera
en la larga caminata!

Un sendero de la costa
nos conduce hasta la playa.

El arenal, la retiene
en su cabello, acunada,
y se escucha una canción,
la canción del mar en calma
que entona la suave brisa,
¡ay, señor, qué dulce nana!
En ella hablan los corales,
los delfines y las algas,
incluso se oyen sirenas
de las atlánticas aguas.

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada
mientras un hombre se acerca,
con una sonrisa franca,
y nos devuelve el saludo
con celeridad y gracia.

Luego, una bella mujer,
se ríe con muchas ganas.
Nos ha visto -sudorosos-
intentar subir la rampa
donde el arenal termina
y da paso a la calzada.
Hace poco era invisible,
esta repentina fama,
se la debo a la pelota
que rodando me acompaña.

Juntos, doblamos esquinas,
felices por nuestra hombrada.
Solo, solo con los pies,
hemos llegado hasta casa.
Me despido en el portal
de la verdosa naranja
-o la diminuta luna-
que en el suelo me encontrara,
a la espera de otro loco
que la lleve de parranda.

Y por fin, el sol despierta
mostrando su rostro en llamas
-con diez brujitas retoza-
entre las celestes sábanas.

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Yo intentaba lo mismo pero con una piedra. Un abrazo, Javier.
 
Espectacular poesía. Alto nivel en una historia atrapante. Me has llevado contigo por el camino de este singular desafío tenístico.
Pues me alegra mucho que me hayas acompañado en el desafío y te haya dejado buen sabor de boca, Rubén, muchas gracias. :)
La historia es completamente real, tal cual.... bueno, menos lo de las sirenas en la canción del mar en calma, claro, ahí me he venido arriba. ;)
Un abrazo.
Javier
 
Yo intentaba lo mismo pero con una piedra. Un abrazo, Javier.
Jajajaja.... claro, Sergio, y todos, pero esa noche tuve la suerte de encontrarme la pelota y fue una atracción fatal. No fue una empresa fácil, no te creas, el encuentro fue a mitad de mi recorrido habitual y me quedaban tres cuartos de hora hasta casa, por caminos de tierra en la costa y dos playas. Oye, pero lo conseguí, soy un monstruo. :confused:
Gracias y un abrazo.
Javier
 
Original y muy bien llevado, como la pelota.Lo he intentado alguna vez pero con resultados mucho más pobres, en lo deportivo y en lo lírico.
Creo que deberías haberte quedado con la bola...
Un abrazo
La verdad es que con la pelota me lo pasé muy bien, Luis, en su tiempo jugué mucho al fútbol.
Y pensé quedarme con ella, pero me pareció mejor dejarla en la calle, se hubiera aburrido en casa. Sin embargo, tengo mucha curiosidad por saber dónde estará ahora, porque al poco rato no estaba donde la dejé.
Muchas gracias por pasarte, amigo.
Un abrazo.
Javier
 
" El desafío "
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Paseando por la noche,
en la antesala del alba,
una pelota de tenis
de repente me miraba.
Pobre, solita en la acera,
como una verde naranja,
o un fabuloso planeta
que se va quedando en nada.


Le propongo un desafío
- qué alborozo para el alma -;
tocándola con los pies
debo llevarla hasta casa
sin usar nunca las manos,
pues en fútbol, eso es trampa.

En la desierta avenida,
le pego suaves patadas
con la ilusión de un chiquillo
que por el tobogán baja.
Ella, siempre va delante,
explorando la mañana.
¡Qué valiente compañera
en la larga caminata!

Un sendero de la costa
nos conduce hasta la playa.

El arenal, la retiene
en su cabello, acunada,
y se escucha una canción,
la canción del mar en calma
que entona la suave brisa,
¡ay, señor, qué dulce nana!
En ella hablan los corales,
los delfines y las algas,
incluso se oyen sirenas
de las atlánticas aguas.

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada
mientras un hombre se acerca,
con una sonrisa franca,
y nos devuelve el saludo
con celeridad y gracia.

Luego, una bella mujer,
se ríe con muchas ganas.
Nos ha visto -sudorosos-
intentar subir la rampa
donde el arenal termina
y da paso a la calzada.
Hace poco era invisible,
esta repentina fama,
se la debo a la pelota
que rodando me acompaña.

Juntos, doblamos esquinas,
felices por nuestra hombrada.
Solo, solo con los pies,
hemos llegado hasta casa.
Me despido en el portal
de la verdosa naranja
-o la diminuta luna-
que en el suelo me encontrara,
a la espera de otro loco
que la lleve de parranda.

Y por fin, el sol despierta
mostrando su rostro en llamas
-con diez brujitas retoza-
entre las celestes sábanas.

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Un poema delicado y tierno. Un poema que tiene la inocencia de ese tiempo en que nos redescubre la infancia.
Hay belleza y ritmo. Rimas preciosas como perlas o como juguetonas pelotas de tenis. O lunas o astros, planetas enanos que van creciendo y disfrutan con jugar.
Espléndido poema. Saludos cordiales.
 
Última edición:
Pues tienes razón, Luis, mi encuentro con esa pelota fue un poco como redescubrir la infancia, solamente pendiente de poder cumplir con ese juego dejando al margen todo lo demás. Me lo pasé muy bien, disfruté mucho.
Y claro, resulta que ahora, cuando salgo a pasear, no hago más que mirar a ver si me encuentro otra. No hay manera de madurar..... jajajaja
Muchas gracias por tu presencia y siempre interesantes comentarios, admirado amigo.
Un enorme abrazo.
Javier
 
" El desafío "
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Paseando por la noche,
en la antesala del alba,
una pelota de tenis
de repente me miraba.
Pobre, solita en la acera,
como una verde naranja,
o un fabuloso planeta
que se va quedando en nada.


Le propongo un desafío
- qué alborozo para el alma -;
tocándola con los pies
debo llevarla hasta casa
sin usar nunca las manos,
pues en fútbol, eso es trampa.

En la desierta avenida,
le pego suaves patadas
con la ilusión de un chiquillo
que por el tobogán baja.
Ella, siempre va delante,
explorando la mañana.
¡Qué valiente compañera
en la larga caminata!

Un sendero de la costa
nos conduce hasta la playa.

El arenal, la retiene
en su cabello, acunada,
y se escucha una canción,
la canción del mar en calma
que entona la suave brisa,
¡ay, señor, qué dulce nana!
En ella hablan los corales,
los delfines y las algas,
incluso se oyen sirenas
de las atlánticas aguas.

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada
mientras un hombre se acerca,
con una sonrisa franca,
y nos devuelve el saludo
con celeridad y gracia.

Luego, una bella mujer,
se ríe con muchas ganas.
Nos ha visto -sudorosos-
intentar subir la rampa
donde el arenal termina
y da paso a la calzada.
Hace poco era invisible,
esta repentina fama,
se la debo a la pelota
que rodando me acompaña.

Juntos, doblamos esquinas,
felices por nuestra hombrada.
Solo, solo con los pies,
hemos llegado hasta casa.
Me despido en el portal
de la verdosa naranja
-o la diminuta luna-
que en el suelo me encontrara,
a la espera de otro loco
que la lleve de parranda.

Y por fin, el sol despierta
mostrando su rostro en llamas
-con diez brujitas retoza-
entre las celestes sábanas.

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Más allá de la historia que posee el encanto de las cosas simples y cotidianas, destaco tu vocabulario que tiene un gran despliegue de ternura. En este tipo de temas en los cuales hay que dar más condimentos a la trama para que realmente salga de lo común, tu decisión de no escatimar ternura te la celebro como un acierto.
Copio las líneas que me gustaron más, justamente por la dulzura que menciono.
Un abrazo.

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada.

 
Hola Javier: Has ganado el mejor Roland Garros, con talento y ternura y por supuesto con tu pelota encantada.
Un placer leerte. Amadeo.
 
Más allá de la historia que posee el encanto de las cosas simples y cotidianas, destaco tu vocabulario que tiene un gran despliegue de ternura. En este tipo de temas en los cuales hay que dar más condimentos a la trama para que realmente salga de lo común, tu decisión de no escatimar ternura te la celebro como un acierto.
Copio las líneas que me gustaron más, justamente por la dulzura que menciono.
Un abrazo.

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada.

Decidí ir mezclando en la narración descripciones del amanecer con el juego que estaba llevando a cabo, y lo hice fiel a lo que iba viendo y sintiendo. Solamente me he recreado o exagerado un poquito con lo de las sirenas de las Atlánticas aguas...... pero claro, si no le echo un poco de poesía en este foro no sé en cuál lo voy a hacer.....jajajaja ;)
Lo mejor de todo, Cecy, fue que gracias a la pelota dejé de ser invisible ese día, porque muchas veces cuando me cruzo con alguien a esas horas, ni me miran y mucho menos saludan.
Agradezco y valoro mucho tu comentario, admirada amiga...... que además, debes saber, me sirve de guía.
Un abrazo y muy feliz fin de semana.
Javier
 
" El desafío "
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Paseando por la noche,
en la antesala del alba,
una pelota de tenis
de repente me miraba.
Pobre, solita en la acera,
como una verde naranja,
o un fabuloso planeta
que se va quedando en nada.


Le propongo un desafío
- qué alborozo para el alma -;
tocándola con los pies
debo llevarla hasta casa
sin usar nunca las manos,
pues en fútbol, eso es trampa.

En la desierta avenida,
le pego suaves patadas
con la ilusión de un chiquillo
que por el tobogán baja.
Ella, siempre va delante,
explorando la mañana.
¡Qué valiente compañera
en la larga caminata!

Un sendero de la costa
nos conduce hasta la playa.

El arenal, la retiene
en su cabello, acunada,
y se escucha una canción,
la canción del mar en calma
que entona la suave brisa,
¡ay, señor, qué dulce nana!
En ella hablan los corales,
los delfines y las algas,
incluso se oyen sirenas
de las atlánticas aguas.

Planeando, las gaviotas
parecen brujitas blancas,
y tiznan el lienzo azul
de la coqueta alborada
mientras un hombre se acerca,
con una sonrisa franca,
y nos devuelve el saludo
con celeridad y gracia.

Luego, una bella mujer,
se ríe con muchas ganas.
Nos ha visto -sudorosos-
intentar subir la rampa
donde el arenal termina
y da paso a la calzada.
Hace poco era invisible,
esta repentina fama,
se la debo a la pelota
que rodando me acompaña.

Juntos, doblamos esquinas,
felices por nuestra hombrada.
Solo, solo con los pies,
hemos llegado hasta casa.
Me despido en el portal
de la verdosa naranja
-o la diminuta luna-
que en el suelo me encontrara,
a la espera de otro loco
que la lleve de parranda.

Y por fin, el sol despierta
mostrando su rostro en llamas
-con diez brujitas retoza-
entre las celestes sábanas.

...... .. ......




Un precioso poema. Muy original y pleno de bellas imágenes. Mi aplauso.
Miguel
 

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