Mauro
Mauricio Figueroa
XV.
Tu rostro duró entre mis manos
lo que tarda en fundirse la escarcha
los primeros días del invierno.
Para volver a soñar contigo decías y tus ojos se iluminaban por el fuego.
Y no importa que los días de la juventud sean pasajeros que regresan
a las viejas estaciones de trenes, siempre seremos los niños
que en medio de la noche salen a perseguir luciérnagas.
Para volver a soñar contigo decías y tus ojos se iluminaban por el fuego.
Junto a ti, mi vida floreció como retoño.
Los días navegaban sin prisa, el mundo caía en el hueco de tu mano.
En los tibios lugares de tu presencia anidaron mis sueños.
No te pudo retener el invierno.
Los treiles anunciaron tu despedida.
Para volver a soñar siempre contigo, tus ojos se iluminaban con el fuego.
25/05. 1:27. Am.
Tu rostro duró entre mis manos
lo que tarda en fundirse la escarcha
los primeros días del invierno.
Para volver a soñar contigo decías y tus ojos se iluminaban por el fuego.
Y no importa que los días de la juventud sean pasajeros que regresan
a las viejas estaciones de trenes, siempre seremos los niños
que en medio de la noche salen a perseguir luciérnagas.
Para volver a soñar contigo decías y tus ojos se iluminaban por el fuego.
Junto a ti, mi vida floreció como retoño.
Los días navegaban sin prisa, el mundo caía en el hueco de tu mano.
En los tibios lugares de tu presencia anidaron mis sueños.
No te pudo retener el invierno.
Los treiles anunciaron tu despedida.
Para volver a soñar siempre contigo, tus ojos se iluminaban con el fuego.
25/05. 1:27. Am.
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