MarcosR
Poeta que considera el portal su segunda casa
Frenéticas plebeyas
rebosantes de hastío,
atestadas de fármacos
y batallas perdidas.
Confabulado el tiempo
de pasos que se pisan
ansiosos de humedades
y sonrisas efímeras.
La luz de la esperanza
se detiene en la esquina,
y continúa su marcha
cansina y solitaria,
adentro de las sábanas
gastadas y amarillas.
La noche no termina.
Paisajes del cemento
obsecuente, anestésico,
del dolor en los huesos
y placeres de cambio
colgando de los autos
en cada bocacalle,
donde el amor se vende
a precio de mercado.
Apenas un resguardo
efímero y salvaje,
para aliviar el mundo
que seguirá pesando
encima de los hombros,
debajo de la almohada.
Bufandas abrigadas
atadas al invierno
atrapan los alientos
oxidados, marchitos,
girando presurosos
en las veredas grises
del siglo de las lápidas.
rebosantes de hastío,
atestadas de fármacos
y batallas perdidas.
Confabulado el tiempo
de pasos que se pisan
ansiosos de humedades
y sonrisas efímeras.
La luz de la esperanza
se detiene en la esquina,
y continúa su marcha
cansina y solitaria,
adentro de las sábanas
gastadas y amarillas.
La noche no termina.
Paisajes del cemento
obsecuente, anestésico,
del dolor en los huesos
y placeres de cambio
colgando de los autos
en cada bocacalle,
donde el amor se vende
a precio de mercado.
Apenas un resguardo
efímero y salvaje,
para aliviar el mundo
que seguirá pesando
encima de los hombros,
debajo de la almohada.
Bufandas abrigadas
atadas al invierno
atrapan los alientos
oxidados, marchitos,
girando presurosos
en las veredas grises
del siglo de las lápidas.
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