Anthony White
Poeta recién llegado
El sol bronceó tu cuerpo desnudo,
lo hizo brillar y sudar,
desgajó el camino abierto
que se hacía misterio
al compás de saberse observado,
sin más,
como vértice hermoso
del pudor más deseado
y siguió refrescando
cada pliegue
que surcaba aleatoriamente
el contorno de tu piel,
tersa como el aroma a placer
que se filtraba por tus caderas
un poco casi sin querer
y así, paso a paso,
fui dibujando
tu mirada serena
y la cadencia de tu ser,
el enigma de saberte enamorada
sin muy bien saber de qué
en el momento preciso
en el que fuiste
sirena y mujer a la vez.
Antonio Blanco
lo hizo brillar y sudar,
desgajó el camino abierto
que se hacía misterio
al compás de saberse observado,
sin más,
como vértice hermoso
del pudor más deseado
y siguió refrescando
cada pliegue
que surcaba aleatoriamente
el contorno de tu piel,
tersa como el aroma a placer
que se filtraba por tus caderas
un poco casi sin querer
y así, paso a paso,
fui dibujando
tu mirada serena
y la cadencia de tu ser,
el enigma de saberte enamorada
sin muy bien saber de qué
en el momento preciso
en el que fuiste
sirena y mujer a la vez.
Antonio Blanco