Qué lejos nos quedamos
de aquel atardecer
que nos ensimismaba
en un abrazo interminable
de besos y poesía.
Éramos locos enamorados,
con el mar en las manos,
con los ojos brillantes,
la risa en llamarada.
En tertulias oceánicas
explotaban las olas
en páginas radiantes.
Y era la madrugada
un desfile de versos
destendiendo la cama.
El sendero de un faro
nos mostró el horizonte,
y fue el mejor amigo
del viento al caminar...
de aquel atardecer
que nos ensimismaba
en un abrazo interminable
de besos y poesía.
Éramos locos enamorados,
con el mar en las manos,
con los ojos brillantes,
la risa en llamarada.
En tertulias oceánicas
explotaban las olas
en páginas radiantes.
Y era la madrugada
un desfile de versos
destendiendo la cama.
El sendero de un faro
nos mostró el horizonte,
y fue el mejor amigo
del viento al caminar...