Hotarubi
Poeta recién llegado
Para esos ojos donde quiero vivir, y morir. Para ellos, que saben mi nombre.
Te amo.
Nuestras pupilas colisionan,
se cristalizan en la parestesia del tiempo;
mi mirada, como dedos,
separa los pétalos de una rosa
en la dimensión fractal de una huella
que lame tu esclerótica como piruleta.
Son tus ojos, virus contagioso, se apropia
de la contracción de mi papila óptica;
te pienso y te derramo por el nervio
hasta la última célula,
hasta el último átomo de mis sueños.
Tú me miras y yo te miro,
me acuno en la curva de tu iris,
me cubro en el biconvexo cristalino
del equilibrio con vértigo
al descolgarse de los miembros fantasmas
de un amor que se besa a ciegas.
Mi mácula quiere ver tu movimiento
en el amanecer viscoso del vítreo;
mis pestañas serán la cuchara
que te absorberá cada vez
que mudos mis párpados
sellen mis ojos,
grabándote en ellos.
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