Hubo una aurora para el verso.
Hubo un tropezón para el camino.
Se enredó la distancia y sin embargo,
hubo paz entre las sierras y el estío.
En el cenit,
encendidas estrellas observaban
la serpenteante hojarasca derrumbada,
ya sin risas ni aplausos,
y el desierto es un estado de la nada.
Una cuna imprevista nos acecha.
Una cuna imprevista mece al alma.
Sé que estás sonriendo lágrimas,
con sus tímidas manos de manzana,
orejitas de uvas y en el aliento,
la niñez del perdón es divisada.
Un águila me cuenta de su reino,
desde esa insigne altura, decorada,
los celestes perfumes de la risa
hallarán sin desvelo esa mirada.
En la cumbre perpetua, en la montaña,
unas plumas se funden en el arpa,
y la luz se hace fuente, se desborda,
refrescando una vida
que hace vida y es espada.
Aconteció que estabas y que estuve.
Aconteció que el tiempo no importaba.
El mensaje es milagro y es abrazo
que emerge entre metáforas y escalas.
El milagro es la vida que se anuncia.
Creadora de vida.
Tierna hermana.
Hubo un tropezón para el camino.
Se enredó la distancia y sin embargo,
hubo paz entre las sierras y el estío.
En el cenit,
encendidas estrellas observaban
la serpenteante hojarasca derrumbada,
ya sin risas ni aplausos,
y el desierto es un estado de la nada.
Una cuna imprevista nos acecha.
Una cuna imprevista mece al alma.
Sé que estás sonriendo lágrimas,
con sus tímidas manos de manzana,
orejitas de uvas y en el aliento,
la niñez del perdón es divisada.
Un águila me cuenta de su reino,
desde esa insigne altura, decorada,
los celestes perfumes de la risa
hallarán sin desvelo esa mirada.
En la cumbre perpetua, en la montaña,
unas plumas se funden en el arpa,
y la luz se hace fuente, se desborda,
refrescando una vida
que hace vida y es espada.
Aconteció que estabas y que estuve.
Aconteció que el tiempo no importaba.
El mensaje es milagro y es abrazo
que emerge entre metáforas y escalas.
El milagro es la vida que se anuncia.
Creadora de vida.
Tierna hermana.
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