La Sexorcisto
Lluna V. L.
Tengo un océano de dudas;
entre el Atlántico y Pacífico
una pila de folios
con renglones torcidos
en fase de Luna menguante,
y en la habitación 121
cabemos todos.
Hay espacio
para atrancarse
ayer, hoy y mañana,
puedes poner por escusa
las estrellas negras
o la leche agria
que salió de un tetrabrick milenario
con mal agüero,
y en la habitación 121
tenemos sitio todas;
blancas o negras
locas o cuerdas,
Hay lugar
para empecinarse
cada segundo de palabra
si los días son iguales,
en las esquinas arañas
en el techo deseos en la hierba
que quizás puedas pisar
con los pies desnudos
si el cansancio te gana la batalla.
Hay espacio para enjaularse
con el tiempo que se va de la carne
produciendo un pozo de sombras,
y cada vez la habitación 121
se hace más grande
en su colosal nunca más,
pues la vistas al destino
es un teatro sin actores.
entre el Atlántico y Pacífico
una pila de folios
con renglones torcidos
en fase de Luna menguante,
y en la habitación 121
cabemos todos.
Hay espacio
para atrancarse
ayer, hoy y mañana,
puedes poner por escusa
las estrellas negras
o la leche agria
que salió de un tetrabrick milenario
con mal agüero,
y en la habitación 121
tenemos sitio todas;
blancas o negras
locas o cuerdas,
Hay lugar
para empecinarse
cada segundo de palabra
si los días son iguales,
en las esquinas arañas
en el techo deseos en la hierba
que quizás puedas pisar
con los pies desnudos
si el cansancio te gana la batalla.
Hay espacio para enjaularse
con el tiempo que se va de la carne
produciendo un pozo de sombras,
y cada vez la habitación 121
se hace más grande
en su colosal nunca más,
pues la vistas al destino
es un teatro sin actores.