Cruzar La Noche
Poeta asiduo al portal
Pandemia
I
Nos creímos eternos,
inmunes, inmortales.
Nos vendieron la idea, la utopía
de que somos una gran comunidad.
Gregarios por naturaleza o por soledad.
Comunicados por miles de vías y formas,
ilimitado contacto:
Entre Tailandia y Nueva York,
entre los confines del globo,
en un abrir y cerrar de ojos
el mundo era pequeño.
Soberbios en nuestra tecnología
creíamos ser mejores que los dioses que nos crearon.
Nos rebelamos y reclamamos el reino,
ese paraíso terrenal.
II
Pero la naturaleza no olvida…
De vez en vez
tiene que recordarnos
que somos frágiles,
finitos,
mortales.
Encerrados con nuestros demonios
se rompen vínculos.
Asistimos a la autopsia de un amor
que ha muerto …
( y que no sabíamos de su deceso hasta
contemplarnos en este forzoso encierro).
Juntos descubrimos el cadáver de lo que fuimos…
Se forzó la convivencia del león y del cordero,
del verdugo y la víctima.
Ya no sabemos vivir juntos…
Necesitamos distancia,
aplicaciones,
selfies, videollamdas, chat en línea
para alejarnos / acercarnos
a esa falsa realidad virtual.
III
Hoy los dados vuelven a rodar…
El azar vuelve a reinar,
todos podemos desvanecernos.
La muerte invisible galopa entre nosotros
Infectarnos, contagiarnos
Ya sea un abrazo,
un beso,
un contacto casual,
un estornudo, un lagrimeo.
IV
¿Cómo seremos cuando el pánico vuelva a ser adormecido?
Cuando se clame que la emergencia ha cesado…
Cuando olvidemos a los muertos, a los enfermos …
A esos tangibles seres que nos fuerzan a enfrentar
a la muerte ajena, a la muerte propia.
Que podemos ser ellos,
fenecer
entre tubos y asepsia médica.
Solos…
Olvidados…
Somo humanos,
vulnerables,
mortales,
finitos…
Más vale no olvidarlo…
Más vale aprender realmente vivir…
A amar…
A volver a soñar…
I
Nos creímos eternos,
inmunes, inmortales.
Nos vendieron la idea, la utopía
de que somos una gran comunidad.
Gregarios por naturaleza o por soledad.
Comunicados por miles de vías y formas,
ilimitado contacto:
Entre Tailandia y Nueva York,
entre los confines del globo,
en un abrir y cerrar de ojos
el mundo era pequeño.
Soberbios en nuestra tecnología
creíamos ser mejores que los dioses que nos crearon.
Nos rebelamos y reclamamos el reino,
ese paraíso terrenal.
II
Pero la naturaleza no olvida…
De vez en vez
tiene que recordarnos
que somos frágiles,
finitos,
mortales.
Encerrados con nuestros demonios
se rompen vínculos.
Asistimos a la autopsia de un amor
que ha muerto …
( y que no sabíamos de su deceso hasta
contemplarnos en este forzoso encierro).
Juntos descubrimos el cadáver de lo que fuimos…
Se forzó la convivencia del león y del cordero,
del verdugo y la víctima.
Ya no sabemos vivir juntos…
Necesitamos distancia,
aplicaciones,
selfies, videollamdas, chat en línea
para alejarnos / acercarnos
a esa falsa realidad virtual.
III
Hoy los dados vuelven a rodar…
El azar vuelve a reinar,
todos podemos desvanecernos.
La muerte invisible galopa entre nosotros
Infectarnos, contagiarnos
Ya sea un abrazo,
un beso,
un contacto casual,
un estornudo, un lagrimeo.
IV
¿Cómo seremos cuando el pánico vuelva a ser adormecido?
Cuando se clame que la emergencia ha cesado…
Cuando olvidemos a los muertos, a los enfermos …
A esos tangibles seres que nos fuerzan a enfrentar
a la muerte ajena, a la muerte propia.
Que podemos ser ellos,
fenecer
entre tubos y asepsia médica.
Solos…
Olvidados…
Somo humanos,
vulnerables,
mortales,
finitos…
Más vale no olvidarlo…
Más vale aprender realmente vivir…
A amar…
A volver a soñar…