Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sobre las aguas del mar
la luna camina
buscando barcos perdidos.
Se entretiene y enreda
en las ramas de las acacias
de la sabana africana
y hace nido un instante para,
roja, ponerse tras las rocas lejanas.
Y en el regato inquieto
que recorre montañas,
se desnuda la luna
y se baña en brillos menudos
dando reflejos de plata.
Tras la torre grande
que los hombres levantaran,
se esconde la luna
jugando a las ausencias,
que se resuelven en
instantes de calma
y aparece de nuevo
como una sorpresa
que nos regalara.
La misma luna
que se para en tu balcón,
se detiene entre los barrotes
y se retrasa, para verte
dormir en tu cama,
con edredones de estrellas
donde ella se retrata.
la luna camina
buscando barcos perdidos.
Se entretiene y enreda
en las ramas de las acacias
de la sabana africana
y hace nido un instante para,
roja, ponerse tras las rocas lejanas.
Y en el regato inquieto
que recorre montañas,
se desnuda la luna
y se baña en brillos menudos
dando reflejos de plata.
Tras la torre grande
que los hombres levantaran,
se esconde la luna
jugando a las ausencias,
que se resuelven en
instantes de calma
y aparece de nuevo
como una sorpresa
que nos regalara.
La misma luna
que se para en tu balcón,
se detiene entre los barrotes
y se retrasa, para verte
dormir en tu cama,
con edredones de estrellas
donde ella se retrata.
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