dragon_ecu
Esporádico permanente
Llueve.
La intensidad es tal que a mis oídos penetra un estruendo de gotas millones sobre el techo de metal.
Un eco sordo se reproduce en cada pared, y llega multiplicada sensación no solo a mis oídos... tengo la sensación que las gotas caen directo en mi piel.
Incluso tratando de oír mi colección de música, a través de los cascos me inunda el ruido blanco de la lluvia.
Ya la calle desborda ocultando las veredas, los pórticos y incluso algunos patios.
El agua me trae recuerdos, ya antes los he dicho en otras oportunidades.
Juegos, besos, encuentros de cuerpos húmedos y apasionados, frías despedidas... todo limpiado por una ilusión, que la lluvia no solo limpie la calle, que limpie también mi alma.
Me acelero al ritmo incesante del diluvio, mientras expulso en vómitos de emociones cada angustia, cada miedo.
El temor de no tener certeza, de no poder adivinar el futuro.
Y al fin y al cabo... ¿qué tan importante es el futuro?
Acepto que debo cambiar, debo crecer, madurar, abandonar los viejos dogmas, arrancar los odios del pasado, sonreír en medio de la pena, gritar sobre la tormenta y enfrentar la desazón de estar amarrado de manos.
Mi cerebro se altera al darme cuenta de mi realidad... he llegado hasta donde estoy por suerte y esfuerzo.
No soy en absoluto responsable de todo, aunque si soy responsable por lo que he decidido y aceptado.
Mi fuerza la he compartido con otros, mis brazos han arrullado a otros, mi voz ha animado y guiado a otros, y a pesar de sentirme tan desgastado, basta una pequeña señal de gracias para sentirme satisfecho.
Estas fechas me han tenido ocupado, en parte egoístamente en parte altruista.
Sé bien y no he podido darlo todo, pero cuanto pude dar sin caer en peligro... lo he dado.
No estoy contento, aún observo caras largas, desesperación, pero ya no hay el pánico inicial, al menos eso he podido lograr.
Ahora me otorgo un descanso a mí mismo. No me lo merezco, pues sé que aún hay mucho quehacer, pero al menos mi cuerpo supo responder, y ahora este me grita recuperarme... a ver si puedo mañana seguir ayudando a otros.
Voces x el Clínicas - yo vengo a ofrecer mi corazón.
-----------
Escrito 23:31 del 18 de abril de 2020. A 4 semanas después de declararse la emergencia por el covid en mi región.
La intensidad es tal que a mis oídos penetra un estruendo de gotas millones sobre el techo de metal.
Un eco sordo se reproduce en cada pared, y llega multiplicada sensación no solo a mis oídos... tengo la sensación que las gotas caen directo en mi piel.
Incluso tratando de oír mi colección de música, a través de los cascos me inunda el ruido blanco de la lluvia.
Ya la calle desborda ocultando las veredas, los pórticos y incluso algunos patios.
El agua me trae recuerdos, ya antes los he dicho en otras oportunidades.
Juegos, besos, encuentros de cuerpos húmedos y apasionados, frías despedidas... todo limpiado por una ilusión, que la lluvia no solo limpie la calle, que limpie también mi alma.
Me acelero al ritmo incesante del diluvio, mientras expulso en vómitos de emociones cada angustia, cada miedo.
El temor de no tener certeza, de no poder adivinar el futuro.
Y al fin y al cabo... ¿qué tan importante es el futuro?
Acepto que debo cambiar, debo crecer, madurar, abandonar los viejos dogmas, arrancar los odios del pasado, sonreír en medio de la pena, gritar sobre la tormenta y enfrentar la desazón de estar amarrado de manos.
Mi cerebro se altera al darme cuenta de mi realidad... he llegado hasta donde estoy por suerte y esfuerzo.
No soy en absoluto responsable de todo, aunque si soy responsable por lo que he decidido y aceptado.
Mi fuerza la he compartido con otros, mis brazos han arrullado a otros, mi voz ha animado y guiado a otros, y a pesar de sentirme tan desgastado, basta una pequeña señal de gracias para sentirme satisfecho.
Estas fechas me han tenido ocupado, en parte egoístamente en parte altruista.
Sé bien y no he podido darlo todo, pero cuanto pude dar sin caer en peligro... lo he dado.
No estoy contento, aún observo caras largas, desesperación, pero ya no hay el pánico inicial, al menos eso he podido lograr.
Ahora me otorgo un descanso a mí mismo. No me lo merezco, pues sé que aún hay mucho quehacer, pero al menos mi cuerpo supo responder, y ahora este me grita recuperarme... a ver si puedo mañana seguir ayudando a otros.
-----------
Escrito 23:31 del 18 de abril de 2020. A 4 semanas después de declararse la emergencia por el covid en mi región.
Última edición: