Recuerdos sin tu paz, teñidos prestos
se vuelven por detrás por ellos mismos
que desde tus misivas reconocen
ser amplios por prorroga disponible,
de tantos versos simples atorados
vergüenza derrotada extinta ayer.
Estos versos me atrapan en sus redes,
yo que estaba escondida entre las rocas,
me sorprendió la luz amarillenta
pulverizando ideas como en cubos,
ingresada en los ámbitos sonoros
me pulsaba una voz dentro del pecho
borbotando palabras licenciosas.
Se extinguió ayer, el mañana,
con un disparo en la nuca
buscando un poco de paz…
buscando en nubes y cielos
cuál dicha trae la flor.
Volvieron apagados por revueltas
de tres las expresiones son libélulas
se sientan en el campo de cebada
es llaga que esperando no compite
allá de mi homicidio postergado
por la digna esperanza colorida
Promesa te mantiene suspirando
y tu espera se agota de quetzales
es la selva, llamados ancestrales
y te desboca aullidos que ensordecen
son sordos enigmáticos, cristales,
que se rompen azules de vergüenza
y te miran clamando su inocencia
con mocos escurridos de esperanza.
La selva con sus cantos y lamentos
regresa por entornos dominantes
la selva penetrando matizada
de fosas tan cambiantes desdoblando
ajenos pensamientos que me atizan
la mente con recuerdos peregrinos
tormentos que de avernos se formaron.
Es la selva elemento circunscrito
que genera las ondas venerables
en aguas cristalinas de turquesa
cenote que princesas se deglute
caracoles perdidos en el guano
te rompen en pedazos de fractales
e inundan tu razón equidistante.
Pisadas de lodo sobre pasturas
marcan el rumbo de oscuro destino
Si la palabra callara al silencio
luego el silencio mata la palabra
Se muestran tras los espejos sus rostros
brillan ojos, sin orejas, sin bocas.
De lodo las pisadas son pasturas
del rumbo que prosigue desde un sino
cumpliendo las razones azarosas
callado de un instante presuroso
de cuatro acelgas van consideradas
del asunto en orejas como pies.