El regreso de Alfonsina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Un día la pena llega
y se acomoda en tus brazos
y se te olvida que existes
para existir en lo malo.
Un día la pena acampa
como nube en cielo diáfano
y tiñe a tu corazón
con sus colores grisáceos.
Entonces, se cae la vida,
te sientes igual que un náufrago,
océano de arena y viento
que roba brújula y faro.
Pero, no, no es así, amigo,
la pena es como un engaño,
pasa si tú no la dejas.
¿Me acompañas en el barco?
Jugaremos en la proa
a atisbar islas y albatros,
horizontes desmedidos
que de azul marcan los pasos.
Contaremos las estrellas
hasta llegar a cansarnos;
espumas y coralinas
se pondrán en nuestras manos
y soplaremos muy fuerte
para que inunden al ánimo.
Un día la pena llega
y se va, se va de largo,
porque la pena no habita
donde los juegos son amos.
y se acomoda en tus brazos
y se te olvida que existes
para existir en lo malo.
Un día la pena acampa
como nube en cielo diáfano
y tiñe a tu corazón
con sus colores grisáceos.
Entonces, se cae la vida,
te sientes igual que un náufrago,
océano de arena y viento
que roba brújula y faro.
Pero, no, no es así, amigo,
la pena es como un engaño,
pasa si tú no la dejas.
¿Me acompañas en el barco?
Jugaremos en la proa
a atisbar islas y albatros,
horizontes desmedidos
que de azul marcan los pasos.
Contaremos las estrellas
hasta llegar a cansarnos;
espumas y coralinas
se pondrán en nuestras manos
y soplaremos muy fuerte
para que inunden al ánimo.
Un día la pena llega
y se va, se va de largo,
porque la pena no habita
donde los juegos son amos.
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