Cecilya
Cecy
Nunca estuvimos solos en el castillo habitado por fantasmas.
Algunos hacían ruidos, otros eran sigilosos, semejantes a la neblina que asalta por sorpresa las madrugadas invernales.
No fue temor lo que me llevó lejos de aquellos muros. Fue la necesidad de respirar.
Dormías, aun con tus hermosos ojos bien abiertos.
Yo desperté.
Grité fuerte tu nombre desde el corazón, muchas veces, pero mis palabras resultaron débiles susurros devorados por las fauces de la noche profunda.
Susurros apagándose, desvaneciéndose en una vorágine de aullidos.
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Algunos hacían ruidos, otros eran sigilosos, semejantes a la neblina que asalta por sorpresa las madrugadas invernales.
No fue temor lo que me llevó lejos de aquellos muros. Fue la necesidad de respirar.
Dormías, aun con tus hermosos ojos bien abiertos.
Yo desperté.
Grité fuerte tu nombre desde el corazón, muchas veces, pero mis palabras resultaron débiles susurros devorados por las fauces de la noche profunda.
Susurros apagándose, desvaneciéndose en una vorágine de aullidos.
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