Itamar
Poeta asiduo al portal
El rasguño se revierte,
se convierte en el látigo que
menosprecia la anhelada mejilla besada,
la respiración que se piensa
para no dejarse morir,
los labios siguen aderezados por la fuerza
oscura del viento,
El jardín se ha marchado, el oasis se ha hundido.
Las ganas de alguien,
las ganas de una voz al despertar
se atina de nuevo al embudo,
al roto de las vestiduras
siempre encuentra lugar para su alojo,
siempre la histeria,
en la noche en que un cenicero es
casa de confesiones.
La manzana del árbol de la vida...
cúlpale de mi debilidad,
de la malévola mordida de la perdición,
adentro: en la esfera del desconcierto...
muerdo polvo,
ya te has ido, te he dejado ir.
se convierte en el látigo que
menosprecia la anhelada mejilla besada,
la respiración que se piensa
para no dejarse morir,
los labios siguen aderezados por la fuerza
oscura del viento,
El jardín se ha marchado, el oasis se ha hundido.
Las ganas de alguien,
las ganas de una voz al despertar
se atina de nuevo al embudo,
al roto de las vestiduras
siempre encuentra lugar para su alojo,
siempre la histeria,
en la noche en que un cenicero es
casa de confesiones.
La manzana del árbol de la vida...
cúlpale de mi debilidad,
de la malévola mordida de la perdición,
adentro: en la esfera del desconcierto...
muerdo polvo,
ya te has ido, te he dejado ir.