Mi ciudad

Juan Morenete Vega

Poeta recién llegado
Era una hermosa ciudad
en medio mismo del valle
poseída por un río
de tiempos inmemoriales

El río cubre la tierra
y la preña sin descanso,
pare la tierra sus frutos
que no los da ningún campo.

Es la huerta de mi tierra,
feraz vega del Segura,
que, cada vez más cansado,
su obligación ya no apura...

y como amante encornado
ve como la tierra acoge
otro amante entre sus brazos
y el corazón se le encoge.

Era una hermosa ciudad
con un cielo inimitable
que las nubes, sin pinceles,
dibujaba un viento suave:

ora un par más oscuras
ora una nube más clara
ora una gris de tormenta
en un verano de plata

Era una hermosa ciudad
de ciudadanos frutales
cargados de dinamita
que decía un tal Hernández

frutos da nuestra tierra
golpes de azada y sudor
los frutos son emigrantes
que se expatrian sin dolor

Era una hermosa ciudad
era un río, era un valle,
y era una catedral
en la tierra de mis padres

y la de los padres de ella
que fue parida por hembra
y como hembra parió
cuatro hijos y mi eterna

gratitud y admiración:
cuando fue niña de quince
cuando de treinta señora
con quince más me murió

y con ella la esperanza
y un amago de su fe
se me secó en la garganta
y en la pluma, y en el alma...

y hoy me sigue pareciendo
mi ciudad hermosa y clara
la mejor tumba del mundo,
tierra de huerta a mi espalda
 
Era una hermosa ciudad
en medio mismo del valle
poseída por un río
de tiempos inmemoriales

El río cubre la tierra
y la preña sin descanso,
pare la tierra sus frutos
que no los da ningún campo.

Es la huerta de mi tierra,
feraz vega del Segura,
que, cada vez más cansado,
su obligación ya no apura...

y como amante encornado
ve como la tierra acoge
otro amante entre sus brazos
y el corazón se le encoge.

Era una hermosa ciudad
con un cielo inimitable
que las nubes, sin pinceles,
dibujaba un viento suave:

ora un par más oscuras
ora una nube más clara
ora una gris de tormenta
en un verano de plata

Era una hermosa ciudad
de ciudadanos frutales
cargados de dinamita
que decía un tal Hernández

frutos da nuestra tierra
golpes de azada y sudor
los frutos son emigrantes
que se expatrian sin dolor

Era una hermosa ciudad
era un río, era un valle,
y era una catedral
en la tierra de mis padres

y la de los padres de ella
que fue parida por hembra
y como hembra parió
cuatro hijos y mi eterna

gratitud y admiración:
cuando fue niña de quince
cuando de treinta señora
con quince más me murió

y con ella la esperanza
y un amago de su fe
se me secó en la garganta
y en la pluma, y en el alma...

y hoy me sigue pareciendo
mi ciudad hermosa y clara
la mejor tumba del mundo,
tierra de huerta a mi espalda
Era la ciudad, pero nada como el campo y sus vegas. Desde las márgenes del Segura hasta las del Júcar no dista mucho.
Tormentas, sudores y otros menesteres que me recordaron vidas, sufrimientos y a un tal Miguel Hernández.
Saludote, vecino, de parte de un jornalero de montes y pedanías.
... Y ya que te presentaste en el anterior poema, pasemos a la poesía en sí... cómo esta.
 

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