SOLCIEGO
Poeta asiduo al portal
Nadie sabe por qué el viento
se ha llevado las palabras,
o acaso será el tiempo
que las deshace en la nada
borrándolas del pensamiento
apagadas en la distancia.
Por el tiempo o por el viento
las palabras al volar de tus labios,
ya son mudas esclavas del silencio
en algún punto del tiempo.
Ya... no recuerdo las palabras ungidas de mi padre...
en los pasillos plenos de alegría y de contento… eran tantas… lo se,
ahora apagadas por el tiempo o el viento,
o será la mente dormida
en el silencio del pasado,
como una despedida triste
en un adiós para siempre.
Nadie sabe por qué
el viento encrespado,
iracundo y ciego,
como afilada guadaña
de invisibles garras,
sin razón tronza los pastizales
calmados del alma,
arrebatando esperanzas deshechas
olvidando su savia derramada,
nadie sabe de sus martirios
nadie escucha sus palabras,
más el viento no cesa
ni en su furia, ni en su rabia,
en cada arrebatada ráfaga.
Con el tiempo y el viento,
se van perdiendo las almas
con sus últimas y efímeras palabras,
ya ahogadas en su tiempo
después de la aciaga batalla
con el viento… no lo sé.
DIOS, sé que no es.
Más en el alma anida la esperanza
nunca se va con el tiempo
y el viento nunca la daña.
el viento y el tiempo la azotan,
y la encadenan en el ardor del desierto,
para probarla en el fuego de la vida
fundiéndole como piedra
al calor de la fragua
para renacer como el fénix,
con más fuerza y con más ansias,
erosionada después
por el tiempo o por el viento,
se volverá nada.
se ha llevado las palabras,
o acaso será el tiempo
que las deshace en la nada
borrándolas del pensamiento
apagadas en la distancia.
Por el tiempo o por el viento
las palabras al volar de tus labios,
ya son mudas esclavas del silencio
en algún punto del tiempo.
Ya... no recuerdo las palabras ungidas de mi padre...
en los pasillos plenos de alegría y de contento… eran tantas… lo se,
ahora apagadas por el tiempo o el viento,
o será la mente dormida
en el silencio del pasado,
como una despedida triste
en un adiós para siempre.
Nadie sabe por qué
el viento encrespado,
iracundo y ciego,
como afilada guadaña
de invisibles garras,
sin razón tronza los pastizales
calmados del alma,
arrebatando esperanzas deshechas
olvidando su savia derramada,
nadie sabe de sus martirios
nadie escucha sus palabras,
más el viento no cesa
ni en su furia, ni en su rabia,
en cada arrebatada ráfaga.
Con el tiempo y el viento,
se van perdiendo las almas
con sus últimas y efímeras palabras,
ya ahogadas en su tiempo
después de la aciaga batalla
con el viento… no lo sé.
DIOS, sé que no es.
Más en el alma anida la esperanza
nunca se va con el tiempo
y el viento nunca la daña.
el viento y el tiempo la azotan,
y la encadenan en el ardor del desierto,
para probarla en el fuego de la vida
fundiéndole como piedra
al calor de la fragua
para renacer como el fénix,
con más fuerza y con más ansias,
erosionada después
por el tiempo o por el viento,
se volverá nada.
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