Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuando caiga la luna...
Por la calle pasaron unos jóvenes cantando, era una canción popular, conocida, llegué a oír la última estrofa:
“Esta noche en la plaza, serrana mía
cayó la luna.
Se rompió en cuatro partes, serrana mía
y tú eres una”.
Cuando caiga la luna, cuando caiga para mí, tras la noche última en que cruce mi cielo, miraré en mis adentros y buscaré mis recuerdos. Serán como tesoros, las riquezas que habré acumulado en estos tiempos. Así encontraré brillo de estrellas, de aquellas que adornaron las noches de vela y sueños. Tendré memoria de brisas en la cara, aires de mar con olor a salitre, viento de montañas con el frío de la nieve cabalgándolo. Recordaré los aromas de la hierba recién cortada, de la tierra mojada por la tormenta, de los lirios de junto al río, de los jacintos y los narcisos de la pradera. Oiré el pasar del milano por los cielos, el murmullo del agua en la pequeña cascada, el agitarse de las hojas en el bosque viejo al rayar la alborada, las risas de los niños jugando y el crujir de los guijarros cuando paso caminando.
Cuando caiga la luna sabré que no me voy de vacío, pues me llené de tus sonrisas, de tus risas alocadas. Me vestiré de tus miradas y sentiré como propias cada una de tus palabras, las que me dices, las que me diste hasta rebosarme el alma.
Cuando caiga la luna, en mis manos entornadas guardaré, avariento, el tacto de tus manos y atesorarán mis ojos el reflejo en tu pupila de mi cara. Será mío el parpadeo último que contemple en tu mirada. Y me iré contento de una vida plena, de haberte encontrado, de compartir tu casa, del regalo de tu presencia enamorada...
Cuando caiga la luna.
Por la calle pasaron unos jóvenes cantando, era una canción popular, conocida, llegué a oír la última estrofa:
“Esta noche en la plaza, serrana mía
cayó la luna.
Se rompió en cuatro partes, serrana mía
y tú eres una”.
Cuando caiga la luna, cuando caiga para mí, tras la noche última en que cruce mi cielo, miraré en mis adentros y buscaré mis recuerdos. Serán como tesoros, las riquezas que habré acumulado en estos tiempos. Así encontraré brillo de estrellas, de aquellas que adornaron las noches de vela y sueños. Tendré memoria de brisas en la cara, aires de mar con olor a salitre, viento de montañas con el frío de la nieve cabalgándolo. Recordaré los aromas de la hierba recién cortada, de la tierra mojada por la tormenta, de los lirios de junto al río, de los jacintos y los narcisos de la pradera. Oiré el pasar del milano por los cielos, el murmullo del agua en la pequeña cascada, el agitarse de las hojas en el bosque viejo al rayar la alborada, las risas de los niños jugando y el crujir de los guijarros cuando paso caminando.
Cuando caiga la luna sabré que no me voy de vacío, pues me llené de tus sonrisas, de tus risas alocadas. Me vestiré de tus miradas y sentiré como propias cada una de tus palabras, las que me dices, las que me diste hasta rebosarme el alma.
Cuando caiga la luna, en mis manos entornadas guardaré, avariento, el tacto de tus manos y atesorarán mis ojos el reflejo en tu pupila de mi cara. Será mío el parpadeo último que contemple en tu mirada. Y me iré contento de una vida plena, de haberte encontrado, de compartir tu casa, del regalo de tu presencia enamorada...
Cuando caiga la luna.