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Espectro luminoso

José Benito

Poeta fiel al portal
Como un rayo de luz, el viento de la vida
cortas, iluminando mis tibias primaveras.
Tu transparente hoja, en pan de oro bruñida,
se alarga como el hilo que prolongar esperas.

Quiero ser ese prisma que en arco iris deslía
esas tus largas trenzas, de hebras entretejidas
en torno al cañamazo de clara luz de día
que guía la maroma de todas nuestras vidas.

Ese cuerpo de ánfora me trajo el mejor vino
con que Baco se embriaga en su Olimpo celeste;
se derramó en sus besos el éxtasis divino
que busqué, peregrino, caminando hacia el Este.

El cálamo va hendiendo cada muerta palabra
en surcos de lo escrito, sobre el papel arando,
como la dura reja sobre los campos labra,
ante el agricultor que, alegre, va cantando.

Mas sus dos bueyes, tercos, van torciendo su rumbo,
al albur del capricho indefinido y vago
que me arrastra a un destino sin vuelta, al que sucumbo
en Faetón trocado de porvenir aciago.

El crepúsculo escruto, por donde la aureola
de nuestro ardiente encuentro se va difuminando...
mas la melancolía se me apodera, sola,
y el inclemente tiempo, que me va desgranando.

Ser un torrente henchido de amargura barrunto
si el compás de la Vida nos da fines diversos.
Y, en mi soledad muda, si existes me pregunto,
o eres sólo un pretexto para que yo haga versos.


José Benito Freijanes Martínez
 
Última edición:
Como un rayo de luz, el viento de la vida
cortas, iluminando mis tibias primaveras.
Tu transparente hoja, en pan de oro bruñida,
se alarga como el hilo que prolongar esperas.

Quiero ser ese prisma que en arco iris deslía
esas tus largas trenzas, de hebras entretejidas
en torno al cañamazo de clara luz de día
que guía la maroma de todas nuestras vidas.

Ese cuerpo de ánfora me trajo el mejor vino
con que Baco se embriaga en su Olimpo celeste;
se derramó en sus besos el éxtasis divino
que busqué, peregrino, caminando hacia el Este.

El cálamo va hendiendo cada muerta palabra
en surcos de lo escrito, sobre el papel arando,
como la dura reja sobre los campos labra,
ante el agricultor que, alegre, va cantando.

Mas sus dos bueyes, tercos, van torciendo su rumbo,
al albur del capricho indefinido y vago
que me arrastra a un destino sin vuelta, al que sucumbo
en Faetón trocado de porvenir aciago.

El crepúsculo escruto, por donde la aureola
de nuestro ardiente encuentro se va difuminando...
mas la melancolía se me apodera, sola,
y el inclemente tiempo, que me va desgranando.

Ser un torrente henchido de amargura barrunto
si el compás de la Vida nos da fines diversos.
Y, en mi soledad muda, si existes me pregunto,
o eres sólo un pretexto para que yo haga versos.


José Benito Freijanes Martínez
Wow, precioso, ni me preguntes porqué en un momento me aparecía la imagen del Quijote de regreso declamándolos. Un abrazo
 
Wow, precioso, ni me preguntes porqué en un momento me aparecía la imagen del Quijote de regreso declamándolos. Un abrazo
Muchas gracias, José Luis, por tu amable observación. El pobre don Quijote podía declamar muchas veces; una vez me tocó hacer de él en una obra de teatro en el colegio... Otro abrazo, amigo.
 

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