A Maroc, que no dudó en recordar.
Turquesa y agobiante.
Escandalosa y alegre.
La noche de Haití me embiste,
espléndida y triste.
Y luego la luna
me enseña sus dientes,
su garfio impaciente,
su cuna precaria.
Mañana en la isla
será innecesaria
la pobre moneda,
el toque de queda
por miedo a la peste.
Será innecesaria
después la violencia
del himno aunque cueste
tu vieja inocencia,
los siglos de sombra,
la fruta salvaje.
Habrá que quitarlas
también del paisaje
aquellas banderas
de prepo y quemarlas
hasta la viruta.
Que no te resulte extraña
ni desmedida la asonada
entre cañas de azúcar refinada.
Turquesa y agobiante.
Escandalosa y alegre.
La noche de Haití me embiste,
espléndida y triste.
Y luego la luna
me enseña sus dientes,
su garfio impaciente,
su cuna precaria.
Mañana en la isla
será innecesaria
la pobre moneda,
el toque de queda
por miedo a la peste.
Será innecesaria
después la violencia
del himno aunque cueste
tu vieja inocencia,
los siglos de sombra,
la fruta salvaje.
Habrá que quitarlas
también del paisaje
aquellas banderas
de prepo y quemarlas
hasta la viruta.
Que no te resulte extraña
ni desmedida la asonada
entre cañas de azúcar refinada.
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