Parecen manos vacías

José Luis Galarza

Poeta que considera el portal su segunda casa
Tormenta-de-nieve-de-Turner.jpg

Tormenta de nieve de Turner
¡Lo perdí en la nieve!

Él pedía que lo escucharan.
La respuesta colgaba en la duda.
El resultado es inquietante,
hay soledad en un espacio sin puertas.

En un espacio sin puertas
el chorro de un grifo abierto.
La esperanza culpable,
la ilusión incipiente.

Sujeto a que existas y me existas.
El terreno me contiene
condenado a la voz,
aunque no lleguen interlocutores.

La misma voz aislada, el mismo frío.
El sonido penoso y extraño.
El frío puede ser residencia
de toda la blancura de la nieve.

En la ceguera de la nieve,
hay un hermano, en la tierra inhóspita,
avalancha un hermano.
de voz indistinta de la tempestad.

La voz es tempestad y destino.
La tempestad desgrana el tiempo.
Estás en celdas del sur del alma.
Llevas migajas de la voz.

Comparte el pan de la intuición
traducido en una absurda condena.
Muestra sus limpias manos
portando de cien años de silencios.

Juega con el silencio en los baldíos,
en la distancia de los sonidos,
en el temblor del roce
renueva las palabras.

Ruega impetuoso que lo escuchen.
La respuesta colgaba en la duda.
Habita el lugar que le permite la mirada,
habita la confianza que le permita.

Está ahí en el resplandor.
En el itinerario de la nieve
tiene las puertas abiertas,
pero todo es tormenta.

Su débil figura se disipa en la nada.
Es un susurro casi imperceptible.
Parecen manos vacías tras la nieve
las manos firmes de un hermano.

¡Desespero en la búsqueda!
 
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Tormenta de nieve de Turner
¡Lo perdí en la nieve!

Él pedía que lo escucharan.
La respuesta colgaba en la duda.
El resultado es inquietante,
hay soledad en un espacio sin puertas.

En un espacio sin puertas
el chorro de un grifo abierto.
La esperanza culpable,
la ilusión incipiente.

Sujeto a que existas y me existas.
El terreno me contiene
condenado a la voz,
aunque no lleguen interlocutores.

La misma voz aislada, el mismo frío.
El sonido penoso y extraño.
El frío puede ser residencia
de toda la blancura de la nieve.

En la ceguera de la nieve,
hay un hermano, en la tierra inhóspita,
avalancha un hermano.
de voz indistinta de la tempestad.

La voz es tempestad y destino.
La tempestad desgrana el tiempo.
Estás en celdas del sur del alma.
Llevas migajas de la voz.

Comparte el pan de la intuición
traducido en una absurda condena.
Muestra sus limpias manos
portando de cien años de silencios.

Juega con el silencio en los baldíos,
en la distancia de los sonidos,
en el temblor del roce
renueva las palabras.

Ruega impetuoso que lo escuchen.
La respuesta colgaba en la duda.
Habita el lugar que le permite la mirada,
habita la confianza que le permita.

Está ahí en el resplandor.
En el itinerario de la nieve
tiene las puertas abiertas,
pero todo es tormenta.

Su débil figura se disipa en la nada.
Es un susurro casi imperceptible.
Parecen manos vacías tras la nieve
las manos firmes de un hermano.

¡Desespero en la búsqueda!
Hermoso poema desesperado por la pérdida en la nieve helada y atrapadora. Un gusto leerte.
 
Tormenta-de-nieve-de-Turner.jpg

Tormenta de nieve de Turner
¡Lo perdí en la nieve!

Él pedía que lo escucharan.
La respuesta colgaba en la duda.
El resultado es inquietante,
hay soledad en un espacio sin puertas.

En un espacio sin puertas
el chorro de un grifo abierto.
La esperanza culpable,
la ilusión incipiente.

Sujeto a que existas y me existas.
El terreno me contiene
condenado a la voz,
aunque no lleguen interlocutores.

La misma voz aislada, el mismo frío.
El sonido penoso y extraño.
El frío puede ser residencia
de toda la blancura de la nieve.

En la ceguera de la nieve,
hay un hermano, en la tierra inhóspita,
avalancha un hermano.
de voz indistinta de la tempestad.

La voz es tempestad y destino.
La tempestad desgrana el tiempo.
Estás en celdas del sur del alma.
Llevas migajas de la voz.

Comparte el pan de la intuición
traducido en una absurda condena.
Muestra sus limpias manos
portando de cien años de silencios.

Juega con el silencio en los baldíos,
en la distancia de los sonidos,
en el temblor del roce
renueva las palabras.

Ruega impetuoso que lo escuchen.
La respuesta colgaba en la duda.
Habita el lugar que le permite la mirada,
habita la confianza que le permita.

Está ahí en el resplandor.
En el itinerario de la nieve
tiene las puertas abiertas,
pero todo es tormenta.

Su débil figura se disipa en la nada.
Es un susurro casi imperceptible.
Parecen manos vacías tras la nieve
las manos firmes de un hermano.

¡Desespero en la búsqueda!
Profundos versos mi estimado José Luis, saludos amigo,
 

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