Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Bajo el azul violeta de añosas jacarandas
la calle acariciaba el ritmo de tu paso
el cual subía, sutil, aquel idus de marzo,
a tus caderas tersas, en ondas de elegancia.
Y más que nuestros labios, sonrieron las miradas,
tornándonos afluentes de aquel momento mágico.
La luz se hacía oblicua: el día ya en remanso.
Nacía primavera con fuego en nuestras almas.
No obstante que el hechizo que tiene cada encuentro
su génesis emerge del amor tenaz de ambos:
es única la entrega si asoma al aposento
por el cristal, curiosa, con mirar violáceo,
la flor de jacaranda espiando nuestro lecho
mientras la tarde viaja, en un idus de marzo.
la calle acariciaba el ritmo de tu paso
el cual subía, sutil, aquel idus de marzo,
a tus caderas tersas, en ondas de elegancia.
Y más que nuestros labios, sonrieron las miradas,
tornándonos afluentes de aquel momento mágico.
La luz se hacía oblicua: el día ya en remanso.
Nacía primavera con fuego en nuestras almas.
No obstante que el hechizo que tiene cada encuentro
su génesis emerge del amor tenaz de ambos:
es única la entrega si asoma al aposento
por el cristal, curiosa, con mirar violáceo,
la flor de jacaranda espiando nuestro lecho
mientras la tarde viaja, en un idus de marzo.
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