Es tarde y tus vecinos sólo sueñan
que te amputan la mano conque escribes.
Ese amargo alboroto de palabras
atroces, obsoletas, inservibles.
Es jueves y las tías siempre hornean
pasteles de manzana con canela.
Se encierran en el cuarto y no se enteran
que afuera el arco iris es perfecto.
Y yo porque me aburro o como chiste
con versos corto el pasto de sus puertas.
O arranco el almanaque mientras duermen
su siesta de amapolas y novelas.
A metros del insomnio voy tanteando
las ruinas del asombro, sus complejos
sistemas de desagües y cimientos,
por ver si hay una grieta en los colores.
Pensar que estaba casi todo dicho
me hiere un poco menos que el aroma
grabado sobre piedras o papiros,
bruñido sobre pieles de memoria.
Por eso suelto frases con martillos
y clavos que se incrustan en el cielo.
Desarmo el encofrado de la ausencia.
Y llevo mis canciones a otro viento.
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