Gustavo Pertierra & Libélula
¡Qué tibia calidez nos da el ocaso!
con la puesta del sol que se eterniza,
el Tiempo lentamente se desliza
y anochece en silencio, paso a paso.
La luna, como a lomo de Pegaso
ocupa su sitial y al cielo hechiza
regalando una cálida sonrisa
a los astros, que acuna en su regazo.
Al derramar Selene su misterio,
una sombra voraz y enajenada
se adueña de la noche y de su imperio.
y pese a que su suerte ha sido echada,
a las almas las pone en cautiverio
hasta que Febo arrase con su espada.
¡Qué tibia calidez nos da el ocaso!
con la puesta del sol que se eterniza,
el Tiempo lentamente se desliza
y anochece en silencio, paso a paso.
La luna, como a lomo de Pegaso
ocupa su sitial y al cielo hechiza
regalando una cálida sonrisa
a los astros, que acuna en su regazo.
Al derramar Selene su misterio,
una sombra voraz y enajenada
se adueña de la noche y de su imperio.
y pese a que su suerte ha sido echada,
a las almas las pone en cautiverio
hasta que Febo arrase con su espada.
Archivos adjuntos
Última edición: