Kein Williams
Poeta fiel al portal
Fueron tus lágrimas ardiente rocío
que formaron ríos surcando tus mejillas
y fueron tus manos las alas de un ángel
que multiplicó panes y plantó semillas.
Fueron tus sandalías las que alzaron polvo
tanto caminar por múltiples senderos
y tu espalda arqueada por aguantar la carga
todo sacrificio se resiste por tus pequeños.
Los leños revientan y arden en el fogón
el suelo de tierra las cerdas recibió
ya se picó los vegetales sacados de la huerta
un pedacito del cielo, con la puerta abierta.
Salen los aromas que inundan el espacio
los pequeños ríen, se van para la escuela
con el chocolate y pan de la abuela
los limpia con su saliva, y les da un abrazo.
El tata en la mina se queda sin pulmones
toma un sorbo de bebida y sigue su jornada
y le pide al Tío que encuentre una veta
trabaja noche y día por unas monedas.
Mientras que en la casa con hilos de seda
los cabellos canos de su hermosa reina
tejen en el viento un dulce poema
que le cuenta al tiempo toditas sus penas.
Se sienta en la cama a surcir las medias
tiene la mirada llena de tristezas
mientras que la pava grita en humareda
recuerda a su amado sin emitir quejas.
El hijo más grande llega con la pesca
abraza a su madre y en la sien la besa
saluda a la nona y le entrega galletas
se las da a escondidas, así no lo retan.
Los pequeños vuelven a la hora de la comida
la que en la mesa ya está servida
rezan y agradecen por los alimentos
al Dios que en las alturas les provee el sustento.
Al llegar la tarde todo son sonrisas
corren los pequeños, detrás las gallinas
buscando el maíz que ellos van soltando
la nona y mamá mientras van amasando.
El horno despierta al son de las brasas
inunda el aroma del pan en la casa
el hijo mayor está cebando el mate
mientras en la mina halló la veta el padre.
Es hora de ir a lavarse esos pies descalzos
mamá levanta la ropa y acomoda los platos
se sirve chocolate y empanadas horneadas
se sientan a la mesa, y resumen su jornada.
Después de la merienda, la ropa alzada se plancha
se revisa las camisas, si hay roturas o manchas.
Los niños antes de que anochezca hacen la tarea
y el hijo mayor pone la olla grande sobre la leña.
Y menos una gallina, las demás al gallinero
a luz de linterna se da una ronda con los perros
y a lo lejos viene el Tata con plátanos al hombro
y en procesión de la casa salen a recibirlo todos.
Se sirve la cena y todo es alegría
ahora está completa toda la familia
y los ojos de tristeza se han desvanecido
ahora en comunión han recuperado su brillo.
Y es que al final esto es la riqueza
no en lo material, no en la pertenencias
sino en el amor de tus seres queridos
los que te amarán hasta tu último respiro.
Y al apagar el mechero es hora de dormir
ya la madre limpió todo y acabó de surcir
arropa, cuenta cuentos y besa a sus niños
los persigna en nombre del Padre, Espíritu Santo y el Hijo.
Besa a su esposo que acaba dormido
se acomoda en su espacio y mira su anillo
sabe que mañana el proceso será el mismo
sonríe y se acuesta. Ese es su paraíso.
que formaron ríos surcando tus mejillas
y fueron tus manos las alas de un ángel
que multiplicó panes y plantó semillas.
Fueron tus sandalías las que alzaron polvo
tanto caminar por múltiples senderos
y tu espalda arqueada por aguantar la carga
todo sacrificio se resiste por tus pequeños.
Los leños revientan y arden en el fogón
el suelo de tierra las cerdas recibió
ya se picó los vegetales sacados de la huerta
un pedacito del cielo, con la puerta abierta.
Salen los aromas que inundan el espacio
los pequeños ríen, se van para la escuela
con el chocolate y pan de la abuela
los limpia con su saliva, y les da un abrazo.
El tata en la mina se queda sin pulmones
toma un sorbo de bebida y sigue su jornada
y le pide al Tío que encuentre una veta
trabaja noche y día por unas monedas.
Mientras que en la casa con hilos de seda
los cabellos canos de su hermosa reina
tejen en el viento un dulce poema
que le cuenta al tiempo toditas sus penas.
Se sienta en la cama a surcir las medias
tiene la mirada llena de tristezas
mientras que la pava grita en humareda
recuerda a su amado sin emitir quejas.
El hijo más grande llega con la pesca
abraza a su madre y en la sien la besa
saluda a la nona y le entrega galletas
se las da a escondidas, así no lo retan.
Los pequeños vuelven a la hora de la comida
la que en la mesa ya está servida
rezan y agradecen por los alimentos
al Dios que en las alturas les provee el sustento.
Al llegar la tarde todo son sonrisas
corren los pequeños, detrás las gallinas
buscando el maíz que ellos van soltando
la nona y mamá mientras van amasando.
El horno despierta al son de las brasas
inunda el aroma del pan en la casa
el hijo mayor está cebando el mate
mientras en la mina halló la veta el padre.
Es hora de ir a lavarse esos pies descalzos
mamá levanta la ropa y acomoda los platos
se sirve chocolate y empanadas horneadas
se sientan a la mesa, y resumen su jornada.
Después de la merienda, la ropa alzada se plancha
se revisa las camisas, si hay roturas o manchas.
Los niños antes de que anochezca hacen la tarea
y el hijo mayor pone la olla grande sobre la leña.
Y menos una gallina, las demás al gallinero
a luz de linterna se da una ronda con los perros
y a lo lejos viene el Tata con plátanos al hombro
y en procesión de la casa salen a recibirlo todos.
Se sirve la cena y todo es alegría
ahora está completa toda la familia
y los ojos de tristeza se han desvanecido
ahora en comunión han recuperado su brillo.
Y es que al final esto es la riqueza
no en lo material, no en la pertenencias
sino en el amor de tus seres queridos
los que te amarán hasta tu último respiro.
Y al apagar el mechero es hora de dormir
ya la madre limpió todo y acabó de surcir
arropa, cuenta cuentos y besa a sus niños
los persigna en nombre del Padre, Espíritu Santo y el Hijo.
Besa a su esposo que acaba dormido
se acomoda en su espacio y mira su anillo
sabe que mañana el proceso será el mismo
sonríe y se acuesta. Ese es su paraíso.
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