José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ando de un trinar nocturno
que ni yo me soporto,
no sé qué viento huracanado
ha calado mi estado, soy nube pasajera,
sol de invierno, viaje a ninguna parte
o ave migrante buscando calores en otros lares.
Cuervos amarrados a mí cadera,
el cisne negro que transita por tu lago,
mis ojos de oscuridades ocultas han deambulando
por el horror de la entelequia del mundo.
Sueños que oprimen mi corazón agotado,
temblores de flechas envenenadas
pero, tú, me tienes en vilo, a veces sufro mucho,
parezco hierro fundido, un vidrio en mil pedazos destruido
o simplemente una oveja extraviada sin rumbo.
Dame cobijo, dale entelequia a mi vista,
quiero que el corazón gire, sea un tiovivo,
una marioneta sin sentido, día oscuro en anticiclón,
dame tiempo porque se acaba deshilándose
como el hilo de la costurera,
la que cose mi desgracia con esmero.
A veces soy un lobo herido,
persiguiéndote en mis noches de locura,
voy tras mi pena, aplaudo como tigre domado,
mundo radiante, fuego que me estremece,
alborotando mi mente.
Yo imploro la metamorfosis de tu piedad,
que hable la roca y el pájaro sea estatua,
la belleza espiritual de tu alma
se convierta en cloaca.
Oh mujer insatisfecha , yo que adoro tu rocío
y tus escarchas, ando como ermitaño
enclaustrado en mi pasado.
Tengo el cuerpo roto, el alma cosida,
y el corazón temblando, entre mis pinos y tus aguas.
arrasando por el torrente de la mentira endiosada.
