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Amor 77 : Cuando la noche me embriaga

José Valverde Yuste

Poeta que considera el portal su segunda casa


Cuando la noche me embriaga
quedo extasiado contigo
destilando la esencia de tu jardín encendido,
en las primaveras, cuyas estrellas
donaban brillantez como una luciérnaga.

Noches de rosas encendidas,
embriagándome con la dulce sinfonía
del manto estrellado, mirando al cielo, imaginando
como se despierta el corazón al amor.

Aderezando nuestros sentidos
con un fugaz vuelo de paloma a la deriva
y con la anuencia de la oscuridad nocturna
soy prisionero de la luna de tus brazos
entre susurros y caricias.

¡Oh amor! bésame con fervor
con la suavidad de la fragancia
de los azahares de tu jardín:
flamea la llama de la pasión
acaríciame sutilmente
como el agua lo hace con la piel.

Cada caricia, cada roce es un éxtasis
de placentera ebullición, un consumirme
ardiendo entre gemidos en aquel cenador
donde la tormenta hizo que se desvaneciera
la bruma del amor.
 


Cuando la noche me embriaga
quedo extasiado contigo
destilando la esencia de tu jardín encendido,
en las primaveras, cuyas estrellas
donaban brillantez como una luciérnaga.

Noches de rosas encendidas,
embriagándome con la dulce sinfonía
del manto estrellado, mirando al cielo, imaginando
como se despierta el corazón al amor.

Aderezando nuestros sentidos
con un fugaz vuelo de paloma a la deriva
y con la anuencia de la oscuridad nocturna
soy prisionero de la luna de tus brazos
entre susurros y caricias.

¡Oh amor! bésame con fervor
con la suavidad de la fragancia
de los azahares de tu jardín:
flamea la llama de la pasión
acaríciame sutilmente
como el agua lo hace con la piel.

Cada caricia, cada roce es un éxtasis
de placentera ebullición, un consumirme
ardiendo entre gemidos en aquel cenador
donde la tormenta hizo que se desvaneciera
la bruma del amor.
Una noche que parece embriagada de amor.
Dulces versos.

Un abrazo fuerte.
 


Cuando la noche me embriaga
quedo extasiado contigo
destilando la esencia de tu jardín encendido,
en las primaveras, cuyas estrellas
donaban brillantez como una luciérnaga.

Noches de rosas encendidas,
embriagándome con la dulce sinfonía
del manto estrellado, mirando al cielo, imaginando
como se despierta el corazón al amor.

Aderezando nuestros sentidos
con un fugaz vuelo de paloma a la deriva
y con la anuencia de la oscuridad nocturna
soy prisionero de la luna de tus brazos
entre susurros y caricias.

¡Oh amor! bésame con fervor
con la suavidad de la fragancia
de los azahares de tu jardín:
flamea la llama de la pasión
acaríciame sutilmente
como el agua lo hace con la piel.

Cada caricia, cada roce es un éxtasis
de placentera ebullición, un consumirme
ardiendo entre gemidos en aquel cenador
donde la tormenta hizo que se desvaneciera
la bruma del amor.
Gracias Maramín por darle me gusta a mi poema. Un honor estimado maestro.
Un abrazo con la pluma del alma
 
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