José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Mujer sublime, concha marina
sobre la que quiero poner mi ofrenda
¿Dónde está tu altar?
llévame de tu mano, caminando
con altivez, como una modelo en la pasarela
de tu fuego, de tu rebeldía hecha delicia.
Mujer de todas las épocas, de mis tinieblas,
sueños obscenos de flores desaparecidas,
sobre tu cuerpo tiemblan los luceros y las estrellas
se santiguan, fiesta de luces tenues es tu delicadeza.
Tu palabra golpea sobre mi pecho de pétalo de azahar
de amarillento limonero, de pico terso como la fresa
de tu pecho, donde mis manos se deslizan apurando
tu aliento de musa, la textura de algodón de tu piel.
Quiero ser primavera en tus noches vacías de alma
la avispa que vuele a tu nido cuando estés desahuciada
y fría, ola que se convierta en tallo envolvente para abrazarte
como la hiedra se agarra a la pared para ascender, así
quiero asirme a ti, trigo con surcos, alimento vital para mí.
Acuéstate conmigo sobre mi parábola de vida,
sobre la pradera de mi espalda, suave y musculada;
seré tu abrigo, el mimo que te de cobijo bajo mi manto
de exequias y reliquias que nunca has conocido.
Ven conmigo hasta el infinito.