Beache
Bertoldo Herrera Gitterman
Un vecino vendía su casa
y mis padres la compraron,
la trajeron en la carreta,
en los corrales la instalaron.
Con techos de teja roja,
con paredes de puro pellín
y con todos sus interiores
ennegrecidos por el hollín.
Buen negocio para todos
mi padre estaba contento
y los bueyes y las vacas,
protegidos del agua y viento.
Aún era muy temprano
para poder dimensionar:
algo nuevo estaba pasando
que después iba a explotar.
Comenzó a ocurrir un hecho
con constancia y sin piedad
la gente de Quilimanzano
emigró hacia la ciudad.
Por estudio o por trabajo
no faltaban los motivos
poder irse fue la constante
en los años sucesivos.
Y cuando se fue el primero
comenzó la despoblada
donde había más de doscientos
hoy queda poquito y nada.
Se fueron todos los jóvenes
y los pocos que quedaban
en leguas a la redonda
con los dedos se contaban.
El trigo perdió importancia
no había quién lo sembrara
se acabó el equipo de fútbol
no quedaba quién jugara.
Aún quedan los vestigios
donde antes hubo una puebla
unas plantas melancólicas
esperando que alguien vuelva.
Y siguen marcando presencia
donde aún no hay forestales
unos pocos ancianos tristes
y unos cuantos animales.
Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial 21 08 2023
y mis padres la compraron,
la trajeron en la carreta,
en los corrales la instalaron.
Con techos de teja roja,
con paredes de puro pellín
y con todos sus interiores
ennegrecidos por el hollín.
Buen negocio para todos
mi padre estaba contento
y los bueyes y las vacas,
protegidos del agua y viento.
Aún era muy temprano
para poder dimensionar:
algo nuevo estaba pasando
que después iba a explotar.
Comenzó a ocurrir un hecho
con constancia y sin piedad
la gente de Quilimanzano
emigró hacia la ciudad.
Por estudio o por trabajo
no faltaban los motivos
poder irse fue la constante
en los años sucesivos.
Y cuando se fue el primero
comenzó la despoblada
donde había más de doscientos
hoy queda poquito y nada.
Se fueron todos los jóvenes
y los pocos que quedaban
en leguas a la redonda
con los dedos se contaban.
El trigo perdió importancia
no había quién lo sembrara
se acabó el equipo de fútbol
no quedaba quién jugara.
Aún quedan los vestigios
donde antes hubo una puebla
unas plantas melancólicas
esperando que alguien vuelva.
Y siguen marcando presencia
donde aún no hay forestales
unos pocos ancianos tristes
y unos cuantos animales.
Bertoldo Herrera Gitterman
Nueva Imperial 21 08 2023