Libre caída

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El Hacedor de Horizontes
Huesos del muerto,
oro del sabio,
tiempo discreto,
y beso sus labios,

el robo del áureo vuelo,
viento y espacio,
necio del lloro,
del sollozo en cada sueño,

de cada vida y lamento,
lento versar y tenue consciencia,
ciencia eficiente
solo para materializar la duda,

cruda y latente,
se esparce la cura,
del hombre que aún dura,
en la dura senda presente,

entre presentes ofuscados,

clavo el clavo del clamor,
y espero a que dios baje,

brebajes de un templo futuro,
de un tiempo maldito,

porque la lluvia aparece cuando moja,
porque la vida recrudece a la congoja,
porque las hojas nunca escriben,
porque nuestro crimen es en nosotros no creer,
porque solo la soledad entiende de calma,
de soledades sin sol,
y camas sin luna,

entre las dunas y el soneto,
discrepo de la copulación mitológica,
de mitos de agigolada lógica exhausta,

hartos del hartazgo común,
del infierno que nos quema en todos lados,

y yo pensando
con los pies en la incertidumbre,
bailando moribundo con la muerte,
danza de suerte mala,
suerte de danza buena,
al borde del precipitado precipicio,

y siento que sus filos nos comen,

que la cima es la altura suicida,

que las ruinas se saben dulces,
hasta que se sabe la amargura
de la costura que será realidad y ataúd,

que nuestra piel es pensamiento y persona,

que es frágil como efímero amor,
como corazón amordazado
a la terca realidad que nos seduce,

siempre,

a caer como nunca.
 
Huesos del muerto,
oro del sabio,
tiempo discreto,
y beso sus labios,

el robo del áureo vuelo,
viento y espacio,
necio del lloro,
del sollozo en cada sueño,

de cada vida y lamento,
lento versar y tenue consciencia,
ciencia eficiente
solo para materializar la duda,

cruda y latente,
se esparce la cura,
del hombre que aún dura,
en la dura senda presente,

entre presentes ofuscados,

clavo el clavo del clamor,
y espero a que dios baje,

brebajes de un templo futuro,
de un tiempo maldito,

porque la lluvia aparece cuando moja,
porque la vida recrudece a la congoja,
porque las hojas nunca escriben,
porque nuestro crimen es en nosotros no creer,
porque solo la soledad entiende de calma,
de soledades sin sol,
y camas sin luna,

entre las dunas y el soneto,
discrepo de la copulación mitológica,
de mitos de agigolada lógica exhausta,

hartos del hartazgo común,
del infierno que nos quema en todos lados,

y yo pensando
con los pies en la incertidumbre,
bailando moribundo con la muerte,
danza de suerte mala,
suerte de danza buena,
al borde del precipitado precipicio,

y siento que sus filos nos comen,

que la cima es la altura suicida,

que las ruinas se saben dulces,
hasta que se sabe la amargura
de la costura que será realidad y ataúd,

que nuestra piel es pensamiento y persona,

que es frágil como efímero amor,
como corazón amordazado
a la terca realidad que nos seduce,

siempre,

a caer como nunca.
Amor triste y destrozado.

Saludos
 

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