Era cerca de las seis de la tarde y aún dormía.
La llovizna de Abril continuaba afuera sin ánimos de detenerse. Estaba un poco más fresco que el resto del día y pensé que al despertarse podría darle una nutritiva y calentita merienda.
De pronto recordé un cuento que había leído en un enlace que me habían pasado y me puse manos a la obra.
Junté una abejita que tiempo atrás le regalé, un osito de crochet que simulaba un guardián, mi cinto que hacía las veces de una culebra y coloqué varios vasos juntos para recrear una colmena
Es decir, a los actores principales del cuento que había decidido leerle cuando despertase.
Cuando despertó y vio todas esas cositas en su mesita, que estaba a la par de la cama, su primera reacción fue querer agarrar todo y, como sabía que intentaría eso mismo, la aventaje y di inicio a la lectura mientras recreaba el cuento con sus juguetes.
Ora la abejita en la colmena, ora la abejita con los guardianes, ora la abejita volando y así hasta que entró en acción el cinto, que era la culebra.
No es la primera que le leo cuentos a la Jor, lo hago desde que nació pero esta vez fue especial para ambos por el hecho de que además de la lectura le agregué movimientos y actos visuales.
A mitad del cuento la Jorgi ya estaba parada en la cama escuchando, mirando y hasta interviniendo en el juego, lo cual me encantó.
Cuando terminé de leerle el cuento no pude evitar abrazarla, decirle cuánto la amo y agradecerle por estar en mi vida.
Al fin y al cabo, ella, la Jorgi, el corazoncito de papá, es quien nutre cada instante de mi vida con la esperanza renovada de su bella risa y su luz de mágica pureza.
¿Cómo no alimentar yo entonces su incipiente vida con aquellas cosas que dan valor y sentido a la vida?
Porque la nutrición del alma, la mente y el corazón es tan importante como nutrir nuestro cuerpo cada día.
La llovizna de Abril continuaba afuera sin ánimos de detenerse. Estaba un poco más fresco que el resto del día y pensé que al despertarse podría darle una nutritiva y calentita merienda.
De pronto recordé un cuento que había leído en un enlace que me habían pasado y me puse manos a la obra.
Junté una abejita que tiempo atrás le regalé, un osito de crochet que simulaba un guardián, mi cinto que hacía las veces de una culebra y coloqué varios vasos juntos para recrear una colmena
Es decir, a los actores principales del cuento que había decidido leerle cuando despertase.
Cuando despertó y vio todas esas cositas en su mesita, que estaba a la par de la cama, su primera reacción fue querer agarrar todo y, como sabía que intentaría eso mismo, la aventaje y di inicio a la lectura mientras recreaba el cuento con sus juguetes.
Ora la abejita en la colmena, ora la abejita con los guardianes, ora la abejita volando y así hasta que entró en acción el cinto, que era la culebra.
No es la primera que le leo cuentos a la Jor, lo hago desde que nació pero esta vez fue especial para ambos por el hecho de que además de la lectura le agregué movimientos y actos visuales.
A mitad del cuento la Jorgi ya estaba parada en la cama escuchando, mirando y hasta interviniendo en el juego, lo cual me encantó.
Cuando terminé de leerle el cuento no pude evitar abrazarla, decirle cuánto la amo y agradecerle por estar en mi vida.
Al fin y al cabo, ella, la Jorgi, el corazoncito de papá, es quien nutre cada instante de mi vida con la esperanza renovada de su bella risa y su luz de mágica pureza.
¿Cómo no alimentar yo entonces su incipiente vida con aquellas cosas que dan valor y sentido a la vida?
Porque la nutrición del alma, la mente y el corazón es tan importante como nutrir nuestro cuerpo cada día.