Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
La última noche que pasé contigo,
la luna nos mintió con su luz blanca.
Tus ojos, dos sombras en el cuarto vacío,
hablaban de un adiós, sordo y profundo.
Te abracé, buscando el calor perdido,
la promesa de los besos que se esfumaban.
En tu piel, la tristeza de los olvidos,
en mi boca, el sabor de tu nombre que se escapaba.
Y entonces, el silencio. Ese cruel testigo,
dejándonos solos, en una cama que ya no arde.
Mis manos, antes nidos, ahora exilios,
tocando la frontera fría de tu espalda.
Te fuiste, y el alba no fue más que un castigo,
un recordatorio de todo lo que la noche nos roba.
Quedé yo, con el corazón herido,
y el eco de tu adiós, rompiéndome las olas.
la luna nos mintió con su luz blanca.
Tus ojos, dos sombras en el cuarto vacío,
hablaban de un adiós, sordo y profundo.
Te abracé, buscando el calor perdido,
la promesa de los besos que se esfumaban.
En tu piel, la tristeza de los olvidos,
en mi boca, el sabor de tu nombre que se escapaba.
Y entonces, el silencio. Ese cruel testigo,
dejándonos solos, en una cama que ya no arde.
Mis manos, antes nidos, ahora exilios,
tocando la frontera fría de tu espalda.
Te fuiste, y el alba no fue más que un castigo,
un recordatorio de todo lo que la noche nos roba.
Quedé yo, con el corazón herido,
y el eco de tu adiós, rompiéndome las olas.