Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Dos chiquillos con ganas de dar un beso,
dos palomas en busca del país de la soledad,
dos lobos sin Caperucita, Ave María ni rezo,
indecisos del sabor millonario de la libertad.
Acuérdate Romeo de las sábanas mojadas
que en casa de Capuleto probaron sudor,
dos fierecillas con ganas de verse domadas
en una suite matrimonial donde robaron pudor.
Se vienen tres milenios esperando besarla
y cinco o seis planetas sin plan de habitar,
triste reinecita sin rey para coronarla
y mostrarle los placeres de quien la puede amar.
Crecieron tomados de las manos sin puño de sal,
amando en cada esquina más de un tercio de sí,
convirtiendo cada calma en un vendaval
de impúdicas caricias de mí para ti.
En algún perdido territorio dejaron de hablarse
y más de veinte inviernos se pasaron sin ver,
existen los labios que no saben olvidarse
y existen aquellos que dejaron de ser.
dos palomas en busca del país de la soledad,
dos lobos sin Caperucita, Ave María ni rezo,
indecisos del sabor millonario de la libertad.
Acuérdate Romeo de las sábanas mojadas
que en casa de Capuleto probaron sudor,
dos fierecillas con ganas de verse domadas
en una suite matrimonial donde robaron pudor.
Se vienen tres milenios esperando besarla
y cinco o seis planetas sin plan de habitar,
triste reinecita sin rey para coronarla
y mostrarle los placeres de quien la puede amar.
Crecieron tomados de las manos sin puño de sal,
amando en cada esquina más de un tercio de sí,
convirtiendo cada calma en un vendaval
de impúdicas caricias de mí para ti.
En algún perdido territorio dejaron de hablarse
y más de veinte inviernos se pasaron sin ver,
existen los labios que no saben olvidarse
y existen aquellos que dejaron de ser.