Alejandro Leza
Poeta recién llegado
¿Puedo hablar?
¿O es acaso que la cadena incorpórea
que quisieras sobre mi garganta,
ceñirá mi piel cuando jale
tu torcido sentimiento?
Mis ideas quieren germinar
hinchadas de tanta humedad,
y sin embargo,
tú te empeñas en segarlas
antes siquiera de la garúa.
¿Qué siniestra sombra
tanto se apretuja?
¿Qué deseo te susurra
para que tu alma se
subyugue?
¿No te das cuenta
que para advenir al puerto,
todos los remos tienen
que bogar?
Incluso los que te han flagelado,
los que no puedes amar.
No sucumbas en su melodía,
que te quiere mártir
en la noche y en el día.
No naufragues en su celo de
convertirlo todo,
en su luz y nuestra sombra.
¡No me calles!
Mi voz tiene que decir
algo de mi alma.
¡No me calles!
Mis ideas parte son
en un vitral de mil colores.
¡No me calles!
Porque la caleta es la historia,
en cada uno de sus granos.
Debo hablar...
¿O es acaso que la cadena incorpórea
que quisieras sobre mi garganta,
ceñirá mi piel cuando jale
tu torcido sentimiento?
Mis ideas quieren germinar
hinchadas de tanta humedad,
y sin embargo,
tú te empeñas en segarlas
antes siquiera de la garúa.
¿Qué siniestra sombra
tanto se apretuja?
¿Qué deseo te susurra
para que tu alma se
subyugue?
¿No te das cuenta
que para advenir al puerto,
todos los remos tienen
que bogar?
Incluso los que te han flagelado,
los que no puedes amar.
No sucumbas en su melodía,
que te quiere mártir
en la noche y en el día.
No naufragues en su celo de
convertirlo todo,
en su luz y nuestra sombra.
¡No me calles!
Mi voz tiene que decir
algo de mi alma.
¡No me calles!
Mis ideas parte son
en un vitral de mil colores.
¡No me calles!
Porque la caleta es la historia,
en cada uno de sus granos.
Debo hablar...
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