Bernardo de Valbuena
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hasta el ruido guardó un digno silencio,
no era cuestión en tan luctuoso día
el molestar a nadie. Nadie había.
No puedo imaginar lo que presencio.
Y a pesar que la fe no reverencio,
me da tristeza el cura que acogía,
sin público presente en la homilía,
el infausto cadáver de Inocencio
Aunque a decir verdad, justo eran tres,
tres, solamente tres, para un finado
los que mostraron pena e interés,
proporción desigual, ¡qué desagrado!
Irse en paz ante tal ingratitud
es mejor que en loor de multitud
no era cuestión en tan luctuoso día
el molestar a nadie. Nadie había.
No puedo imaginar lo que presencio.
Y a pesar que la fe no reverencio,
me da tristeza el cura que acogía,
sin público presente en la homilía,
el infausto cadáver de Inocencio
Aunque a decir verdad, justo eran tres,
tres, solamente tres, para un finado
los que mostraron pena e interés,
proporción desigual, ¡qué desagrado!
Irse en paz ante tal ingratitud
es mejor que en loor de multitud