José Valverde Yuste
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre el fuego y el cielo
habitan las reflexiones,
amanecer florido de respuestas,
suelos yermos de la existencia,
pasión de fuego.
Ven fuego eterno, penetrando mi pecho,
divinidad de lo siniestro, haz florecer en mi,
la rosa de los vientos
grabada con esquirlas de oro.
Tu voz, lenguas que fluyen y acarician
como tentáculos con aroma a trigo,
me pinta las mejillas de carmines
y mis venas dilatan con el calor de tu cuerpo.
Oyendo tu palabra me estremezco
pues llegas como poderoso deseo
palpitando sobre las nubes de terciopelo
de mi cansado esqueleto,
ávido de voces susurrantes,
de estelas del universo.
Tú, fuego eterno,
acaricias mis sensibilidades sin tocarme,
estremeces mi sustancia gris
calentándola de melancolía pasajera;
llegando sin dilación hasta mi boca silenciosa,
desbocando mi carreta de ensueño celestial,
lamento.
Eres artificio, dame tu cálida bienvenida
a esa sensación líquida y densa
que me perturba en la noche y me compensa
en la mañana sedienta.