Tomasa
Poeta recién llegado
Confesarse en la pantalla
puede ser una catarsis,
solo que una de pacotilla,
una confesión canija y rácana,
propia de almas encajonadas
dentro sí mismas.
El otro día fui a ver comedia
en un sótano del centro.
Llevaba tres whiskys
en el cuerpo
y un litro de cerveza
en una bolsa de papel.
Aquello era un congreso de tarados;
los tipos que salían a ese escenario
usaban al público como alcantarilla
para desbarrar sus miserias;
eran sujetos que te llegaban al alma
y te la ponían patas arriba,
te la llenaban de mierda
y luego se largaban
por donde habían venido.
Al lado de aquel incendio
de intimidades desquiciadas
y astracanadas rodando como escombros,
escribir un poema en la pantalla
me parece un sucedáneo flojo,
pusilánime, un simulacro,
la constatación de mi torpeza,
el superfluo gesto
de una mente fofa.
En otras palabras,
un poema es un acto
de cordura.
puede ser una catarsis,
solo que una de pacotilla,
una confesión canija y rácana,
propia de almas encajonadas
dentro sí mismas.
El otro día fui a ver comedia
en un sótano del centro.
Llevaba tres whiskys
en el cuerpo
y un litro de cerveza
en una bolsa de papel.
Aquello era un congreso de tarados;
los tipos que salían a ese escenario
usaban al público como alcantarilla
para desbarrar sus miserias;
eran sujetos que te llegaban al alma
y te la ponían patas arriba,
te la llenaban de mierda
y luego se largaban
por donde habían venido.
Al lado de aquel incendio
de intimidades desquiciadas
y astracanadas rodando como escombros,
escribir un poema en la pantalla
me parece un sucedáneo flojo,
pusilánime, un simulacro,
la constatación de mi torpeza,
el superfluo gesto
de una mente fofa.
En otras palabras,
un poema es un acto
de cordura.
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