Tomasa
Poeta recién llegado
Difícil es forzar su voluntad;
él llega cuando quiere y como quiere,
aunque a decir verdad nunca se ausenta,
tan solo nos está dando la espalda
las malas noches del odioso insomnio.
Nunca sabemos el momento exacto
en que nos rapta fuera de este mundo
para arrastrarnos hasta su guarida
sin tiempo y sin espacio congruentes;
allí el espacio y tiempo se ha quedado
sin lógico argumento en nuestra trama.
No suele ser reposo sino el trance
de nuestras almas ya sin resistencia
que en su resignación asumen hilos
tejiendo un inconsútil mapa extraño.
Practica con nosotros algún rito
que doma a la memoria atribulada
y al anodino bruto del deber.
Parece que en su reino acaso somos
vasallos arrobados ante el vértigo
de estar en un lugar que nunca existe.
Quizás un dios que juega a reinventarnos,
que prueba a divertirse al componernos
cada vez que la vida nos derrota.
No sé de nada más intransigente
ni más aleatorio que las reglas
a las que nos somete su dictamen.
Por lo que a mí respecta, sin embargo,
puede oficiar el sueño cada noche
su ceremonia de imperfecto olvido,
su ensayo de la nada en movimiento,
si otro día soporto el despertar.
él llega cuando quiere y como quiere,
aunque a decir verdad nunca se ausenta,
tan solo nos está dando la espalda
las malas noches del odioso insomnio.
Nunca sabemos el momento exacto
en que nos rapta fuera de este mundo
para arrastrarnos hasta su guarida
sin tiempo y sin espacio congruentes;
allí el espacio y tiempo se ha quedado
sin lógico argumento en nuestra trama.
No suele ser reposo sino el trance
de nuestras almas ya sin resistencia
que en su resignación asumen hilos
tejiendo un inconsútil mapa extraño.
Practica con nosotros algún rito
que doma a la memoria atribulada
y al anodino bruto del deber.
Parece que en su reino acaso somos
vasallos arrobados ante el vértigo
de estar en un lugar que nunca existe.
Quizás un dios que juega a reinventarnos,
que prueba a divertirse al componernos
cada vez que la vida nos derrota.
No sé de nada más intransigente
ni más aleatorio que las reglas
a las que nos somete su dictamen.
Por lo que a mí respecta, sin embargo,
puede oficiar el sueño cada noche
su ceremonia de imperfecto olvido,
su ensayo de la nada en movimiento,
si otro día soporto el despertar.