Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
En la guagua de la vida, me encontré con tu mirada,
jangueando entre sueños, chavos y esperanzas,
como birras en la playa, nuestro amor fue espontáneo,
entre risas y caricias, nos fuimos construyendo.
Picheando los miedos, bregando con el destino,
ay bendito, qué suerte tenerte conmigo.
Tu sonrisa, un revolú de emociones,
en cada beso, un banco virao de pasiones.
En las noches nebulosas, tu abrazo es mi refugio,
como un caballo en batalla, defiendo nuestro mundo.
No importa el jurutungo, ni la macacoa en el camino,
juntos somos fuertes, desafiamos al destino.
Morrocoyo de amores, limpiamos las tristezas,
tú y yo, sapos de letrina en la alegría y la belleza.
Ay, mi broki, mi vida, mi razón de ser,
en este poema boricua, siempre te amaré.
Picheando el pasado, construimos nuestro presente,
jangueando en la luna, nuestro amor es evidente.
Como birras en la playa, refrescamos nuestra piel,
ay bendito, mi amor, en tu abrazo encontré mi edén.
Cuando el revolú del día nos agobia sin razón,
bregamos juntos, mi vida, con amor y compasión.
Cada beso tuyo, un chavo de oro en mi tesoro,
y tu sonrisa, mi refugio en este mundo un poco loco.
No hay nebulosa que apague la luz de tu mirar,
ni macacoa que detenga nuestro amar.
Jurutungo sería el mundo sin tu amor,
mi broki, mi alma, juntos somos el mejor.
En cada guagua de sueños, viajamos sin parar,
como sapos de letrina, en tu amor quiero habitar.
Ay, mi caballo valiente, mi amor verdadero,
en este poema boricua, siempre serás mi sendero.
jangueando entre sueños, chavos y esperanzas,
como birras en la playa, nuestro amor fue espontáneo,
entre risas y caricias, nos fuimos construyendo.
Picheando los miedos, bregando con el destino,
ay bendito, qué suerte tenerte conmigo.
Tu sonrisa, un revolú de emociones,
en cada beso, un banco virao de pasiones.
En las noches nebulosas, tu abrazo es mi refugio,
como un caballo en batalla, defiendo nuestro mundo.
No importa el jurutungo, ni la macacoa en el camino,
juntos somos fuertes, desafiamos al destino.
Morrocoyo de amores, limpiamos las tristezas,
tú y yo, sapos de letrina en la alegría y la belleza.
Ay, mi broki, mi vida, mi razón de ser,
en este poema boricua, siempre te amaré.
Picheando el pasado, construimos nuestro presente,
jangueando en la luna, nuestro amor es evidente.
Como birras en la playa, refrescamos nuestra piel,
ay bendito, mi amor, en tu abrazo encontré mi edén.
Cuando el revolú del día nos agobia sin razón,
bregamos juntos, mi vida, con amor y compasión.
Cada beso tuyo, un chavo de oro en mi tesoro,
y tu sonrisa, mi refugio en este mundo un poco loco.
No hay nebulosa que apague la luz de tu mirar,
ni macacoa que detenga nuestro amar.
Jurutungo sería el mundo sin tu amor,
mi broki, mi alma, juntos somos el mejor.
En cada guagua de sueños, viajamos sin parar,
como sapos de letrina, en tu amor quiero habitar.
Ay, mi caballo valiente, mi amor verdadero,
en este poema boricua, siempre serás mi sendero.
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