PERLADELMAR
Poeta fiel al portal
El amanecer, en el tranquilo pueblo ribereño, llega como un suave susurro. El cielo, pintado en tonos rosas y dorados, insufla vida a la quietud de la mañana. La primera luz se extiende suavemente sobre el mundo dormido, agitando apacible las tranquilas aguas aún dormidas con una tierna caricia, como si las despertara de un tranquilo sueño. Las sombras se retiran, dejando paso a la delicada promesa de un nuevo día. Los pájaros comienzan sus tímidos cantos, sus melodías tejen el aire fresco, creando una sinfonía de renovación. El río, bañado por esta luz naciente, despierta lentamente. El calor del sol derrite poco a poco el frío de la noche. Cada brizna de hierba en las tímidas orillas del río, cada gota de rocío, resplandece con la pureza del amanecer, reflejando un mundo renacido. El aire, cargado del aroma de la tierra húmeda y las flores en capullo, llena los pulmones con una promesa de frescura y nuevos comienzos. Ha nacido un nuevo día.